Algo más del 30% de los menores vascos ha escuchado en su casa apoyar los atentados de la banda terrorista ETA



Cuarenta años de terrorismo etarra y de Gobiernos nacionalistas tolerantes con criminales han convertido la sociedad vasca en un desierto ético. Y un nuevo informe del Ararteko vuelve a poner de manifiesto este hecho con cifras y con unas conclusiones desoladoras que explican, por ejemplo, que el apoyo que no pocos jóvenes del País Vasco dirigen a la banda terrorista ETA nace en “la propia familia” y viene “desde la infancia”. (Escuchar resumen de la entrevista al final de este artículo).

El informe titulado “La transmisión de valores a menores”, que acaba de ser hecho público por Iñigo Lamarca, el Defensor del Pueblo vasco, explicita cómo a pesar de que la influencia del centro escolar y del círculo de amigos es importante en los menores, es “en el hogar” donde realmente se consolida el respaldo a la organización criminal. De hecho, y según los datos que ofrece el Arateko, la organización terrorista logra más seguidores en aquellas casas en las que nunca se pronuncia la frase “la violencia de ETA es inaceptable”.

El dibujo que el estudio hace de la juventud vasca resulta estremecedor, especialmente en lo que hace referencia a cómo contemplan los jóvenes la violencia terrorista. Menos de la mitad de los adolescentes cree que ETA es un grupo terrorista con el que “hay que acabar”; sólo seis de cada diez piensan que las víctimas merecen apoyo y protección, mientras que cerca de un 20% considera “mal” que se mate, pero estima necesario el “terrorismo callejero”.

Según el análisis elaborado por la oficina del Ararteko, que se centra sobre todo en chicos y chicas de una franja de edad situada entre los 12 y los 16 años de edad, el apoyo a ETA o al terrorismo callejero entre los jóvenes no varía al pasar de un curso a otro. Esto significa que el respaldo a la organización surge en la infancia y que “practicamente no se modifica en la adolescencia”.

El informe es realmente desolador. Un 18% de los escolares, un porcentaje “en absoluto despreciable”, asegura que en sus domicilios se sostiene que hay motivos para que ETA actúe. Otro 14,7% lo oye pocas veces. El estudio pone de manifiesto que el adolescente en cuya familia y su círculo de amigos se legitima las acciones de la banda tiene muchas posibilidades de acabar apoyando el terrorismo. “En nada la socialización es tan fuertemente reseñada por los escolares como cuando se trata de la justificación de ETA”, añade el análisis, donde Lamarca y su equipo incluyen una reflexión devastadora: “En el colectivo de escolares que legitiman las acciones de ETA, se produce un repliegue en un mundo autorreferencial, endogámico, impermeable a la duda y a los razonamientos opuestos a los defendidos por ellos. Estos escolares conforman como un mundo aparte, como una sociedad paralela.”

El estudio “La transmión de valores a menores” descubre también que el mayor rechazo a la banda se encuentra entre los estudiantes que estudian en el modelo A (sólo en castellano con el euskera como asignatura), mientras que ETA recaba sus apoyos más relevantes entre los jóvenes que están en el D (en euskera con el castellano como lengua). Por territorios, los más receptivos a las tesis etarras se encuentran en Guipúzcoa. Los menos, en Álava.

Artículo complementario: “País Vasco y posmodernidad”

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