Paz por presos: Un extravío político, un escándalo social y una aberración ética

- Editorial Euskadi Información Global -

Las informaciones que venimos publicando estos días y que, efectivamente, revelan que existe un fluido intercambio de contactos, encuentros y conversaciones entre representantes del Partido Socialista de Euskadi y líderes de la autodenominada “izquierda abertzale”, ponen de manifiesto que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, liderado en este tema por Jesús Eguiguren, ha emprendido nuevamente, olvidando catástrofes, ignominias y vergüenzas pasadas, el camino de la concesión, de la entrega y del consentimiento para poner fin a la macabra historia de ETA. Sobre todo, lo que ponen al descubierto los datos ofrecidos por Euskadi Información Global es que, en esta ocasión, las escandalosas negociaciones que el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero y la banda terrorista ETA mantuvieron paralelamente a la última tregua-trampa ofrecida por los criminales, son sustituidas ahora por un ofrecimiento mucho más sencillo y menos complicado institucionalmente, pero no menos perverso desde un punto de vista ético: paz por presos.

En estos momentos, y según la noticia que hoy mismo publicamos en Euskadi Información Global, los presos más destacados estarían manejando un ofrecimiento, que les habría hecho llegar los representantes del Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, por el que las instituciones democráticas estarían dispuestas a ser extremadamente generosas, indignantemente magnánimas diríamos nosotros, con los reclusos de la banda terrorista si ésta declara un alto el fuego definitivo.

José Luis Rodríguez Zapatero, que en su momento no dudó en arrastrar la dignidad de las instituciones democráticas a los pies de los criminales y que en el pasado no tuvo ningún problema para presionar escandalosamente todos los resortes del Estado con el fin de satisfacer la “mirada de futuro” que había visto en Arnaldo Otegi y en asesinos como Josu “Ternera”, está decidido ahora a dejar que los criminales etarras se paseen orgullosos por las calles de las capitales vascas mientras se cruzan con los padres, los hijos o las esposas de aquellos a quienes asesinaron impunemente.

Conseguir presuntamente la paz que nos merecemos todos los ciudadanos demócratas a cambio de escupir a la Justicia, a cambio de borrar de la memoria colectiva lo sucedido en España durante los últimos cincuenta años y a cambio de provocar más dolor a las víctimas del terrorismo, es una propuesta indecente desde cualquier punto de vista moral, pero, sobre todo, es una iniciativa política suicida, como tantas otras que ha puesto en marcha el presidente de Gobierno más inicuo que ha tenido este país desde la Transición. Pero, sobre todo, es una decisión que roza el delito de traición al Estado democrático y es, desde luego, una fórmula caducada y obscena que, en caso de llevarse efectivamente a cabo, exigirá una respuesta unánime y contundente por parte de la sociedad vasca en particular, y de los ciudadanos españoles en general. Contra ETA solamente valen la ilegalización política, el aislamiento social, la lucha policial y la eficacia judicial. Poner en marcha ofrecimientos repugnantemente dadivosos como los que comentamos solamente sirve para reforzar a la banda terrorista, para dar ánimos a los jóvenes descerebrados que en estos mismos momentos están pensando en dar el salto a la organización criminal, para reforzar entre los reclusos etarras un sentimiento de legitimidad en su "lucha" y, sobre todo, para poner, una vez más, a los hombres y mujeres de este país bajo la bota de los bárbaros.




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