El Colegio de Periodistas de Cataluña entrevista a dos etarras y define a los terroristas como “militantes independentistas”



Desde hace algunos años, y especialmente desde la llegada del Gobierno tripartito a la Generalitat, la sociedad catalana está haciendo grandes esfuerzos para asemejarse, en inanidad ética, en sectarismo nacionalista, en fanatismo identitario y en ignorancia política, a la sociedad vasca. En este caminar descabellado y sectario hacia ninguna parte, los medios de comunicación de esta región española están realizando una impagable labor de punta de lanza del integrismo independentista que, como casi todo el mundo sabe, no solamente es un punto de vista emocional sino que también, y quizás sobre todo, es la gran torre en la que se guardan los intereses económicos, las prebendas financieras y las ventajas competitivas para alcanzar, cuanto antes, ls mieles del gran pesebre autonómico.

La sumisión nacionalista de la prensa catalana ya se puso escandalosamente de manifiesto hace unos meses cuando doce periódicos de esta autonomía, convirtiéndose en portavoces orgullosamente sumisos y obedientes del “montillismo” más asilvestrado, fanático, ignorante, elitista y adinerado, consensuaron una página editorial amenazando al Tribunal Constitucional y defendiendo un proyecto legislativo disgregador, impositivo, delirante, vacuo y oportunista como el nuevo Estatuto catalán. Con aquel gesto de sometimiento a los todopoderosos señores del ultranacionalismo autóctono, los medios de comunicación catalanes no solamente dieron un ejemplo perfecto de cómo algunos de los principales diarios españoles se han convertido en vulgares bufones al servicio del poder dominante en cada momento sino que, sobre todo, revelaron hasta qué punto demasiados periodistas, escritores e intelectuales padecen una constante y ominosa tendencia a defender, justificar, proteger, amparar y apoyar a las elites sociales más reaccionarias, integristas, fanáticas y ultramontanas, especialmente, claro está, cuando éstas mantienen el poder en sus respectivos ámbitos de influencia.

En este ambiente, el Colegio de Periodistas de Cataluña, en el último número de su revista corporativa “Capcalera”, dedica, con la excusa de analizar el caso “Egunkaria”, un informe especial al estado de la información y de los medios de comunicación en Euskadi. El dossier, que pueden consultar íntegramente al final de este texto, repite hasta la saciedad y la desvergüenza todos y cada uno de los latiguillos ominosos que sobre el mundo de la prensa utilizan habitualmente la banda terrorista ETA, los portavoces de paisano de los terroristas y los sectores más rancios del independentismo vasco. Pero, lo peor de todo, es que por sus contenidos, tanto redaccionales como fotográficos, estas páginas bien podrían confundirse con un número del viejo “Egin” de la década de los ochenta del pasado siglo. Así, las numerosas imágenes (en blanco y negro, para reforzar ese ñoño dramatismo reivindicativo que tanto gusta a la progresía más necia de Europa) que acompañan a los “análisis” de este número presentan, por ejemplo, situaciones informativamente tan relevantes como las siguientes: un grupo de familiares de presos etarras en la cárcel de Alcalá; entierros de terroristas; registros policiales en la sede de Herri Batasuna; y, por supuesto, multitudinarios homenajes populares a asesinos en diferentes localidades del País Vasco. Lo que decimos, ni el bien difunto “Egin”, en los viejos tiempos, lo hubiera hecho mejor.

Pero, por si todo esto fuera poco, el Colegio de Periodistas de Cataluña, para informar objetivamente sobre la realidad de las decenas de periodistas y empresas de comunicación que en Euskadi han sido asesinados, golpeados, amenazados, chantajeados, exiliados y humillados por las hordas nacionalterroristas, entrevistan a… dos etarras encarcelados, Carmen Guisasola y Joseba Urrusolo Sistiaga, a quienes “Capcalera” pide su opinión sobre “como ETA ve el mundo informativo”. Ello, además, aprovechando la plataforma y el magáfono, explican detalladamente, casi con orgullo docente, cuáles son las razones por las que ETA asesina o no a un periodista, un político, un profesor universitario o a un diputado. Todo muy exquisito, muy neutral, muy limpio y aséptico. Como, al parecer, les gusta a los periodistas catalanes del Colegio de Periodistas de Cataluña.

En la imagen, la opinión que ETA tiene de los periodistas vascos. Fotografías como esta del asesinato del columnista de “El Mundo”, José Luis López de la Calle, no se incluyen en el último número de la revista “Capcalera”.

Artículo complementario: "Los portavoces del totalitarismo"

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