Los valores exhibidos por la selección española de fútbol contrastan con el país empobrecido, quebrado y anómico alumbrado por Rodríguez Zapatero


EIG. Raúl González Zorrilla. San Sebastián. Entrevistado en directo por la Cadena SER tras la victoria de España frente a Alemania en la semifinal del Campeonato del Mundo, José Luis Rodríguez Zapatero demostró, una vez más, que posee una capacidad inmensa para el cinismo, entendiendo éste, tal y como lo define el Diccionario de la Real Academia Española (RAE), como “la desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”. En su intervención radiofónica, el Presidente más aciago y devastador que ha tenido España desde la Transición no dudó en camuflarse bajo el triunfo de la selección y vampirizar el esfuerzo de la “Roja” para declarar, impertérrito, lo siguiente: “España, en general, juega en todos los terrenos como juega al fútbol”.

Y esto lo dice el máximo responsable de un Gobierno cuya política económica está siendo estrechamente vigilada por la Unión Europea, Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional, que dirige un país con cuatro millones de parados y que se enfrenta a una situación política dramática en la que, dentro de unos meses, habrá de enfrentarse a aprobar, sin ningún apoyo, los presupuestos generales más importantes de su mandato.

Dice el Presidente que su España es como la selección futbolística que la representa, pero donde el equipo de fútbol de Vicente del Bosque pone cohesión, organización, acatamiento de las normas, calidad, rigor, esfuerzo y unión colectiva, el país que encabeza José Luis Rodríguez Zapatero es un territorio dividido, malencarado, volteado por el radicalismo integral, roto por la progresía más estúpida que hay en Europa, agrietado por reyezuelos provincianos que solamente buscan proteger sus prebendas y radicalmente anómico en sus principios, en sus valores y en sus referentes. Es más, si la selección española tuviera que regirse por las normas de la España socialista, nuestros jugadores apenas podrían entenderse entre ellos, tal y como les ocurre a los presidentes autonómicos en el Senado, que farfullan unos y otros idiomas minoritarios y folclóricos que apenas conocen con el único fin de no pronunciar una palabra en español para satisfacer a las poderosas minorías periféricas.

Apenas unas horas después de que José Luis Rodríguez Zapatero hubiera dicho, como en tantas otras ocasiones, la frase necia del día, el FMI hacía público su último informe sobre la estabilidad financiera mundial y anunciaba que, en su opinión, España crecerá en 2011 un raquítico 0,6%, menos de la mitad de lo previsto por el Gobierno (1,3%). Con este empuje, y si la selección española fuera como la España de Zapatero, nuestro equipo de fútbol internacional ni tan siquiera hubiera estado en el Mundial de Sudáfrica, dado el ridículo papel global que ha sido capaz de desempeñar un Ejecutivo socialista cuya gran aportación a la estrategia conjunta de las naciones civilizadas ha sido una enorme majadería ética ética, ideológica y política como la “Alianza de las Civilizaciones”.

Si, en fin, la selección de fútbol fuera como la España de José Luis Rodríguez Zapatero, Vicente del Bosque estaría demonizado por dictador, Casillas sería un centralista de cuidado y cualquiera de los jugadores podría ser insultado, con absoluta impunidad, por pronunciar la palabra “España” con premeditación y alevosía. Y, por supuesto, los titulares del equipo afines al PP, que haberlos, hailos, podrían irse preparando: por fachas, por inmovilistas y por promover el pensamiento único. Que aquí, como Zapatero bien sabe, no nos andamos con tonterías.

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