Aintzane Ezenarro o la incesante búsqueda del olvido. La portavoz de Aralar afirma que “los estudiantes del País Vasco no deben nada a las víctimas del terrorismo”

Aintzane Ezenarro

Euskadi Información Global. Raúl González Zorrilla. San Sebastián. Aintzane Ezenarro, la portavoz en el Parlamento vasco de la formación independentista Aralar, ha analizado públicamente los materiales educativos elaborados por el Gobierno vasco para trasladar a las escuelas de Euskadi el Plan de Convivencia Democrática desarrollado por el Ejecutivo de Patxi López.
En su comparecencia, Ezenarro, con la rotundidad que habitualmente emplea para hacerse portavoz de las causas más indefendibles, ha pronunciado una de las frases mas necias y abyectas que se han dicho sobre este tema. “La escuela y los estudiantes no les deben nada a las víctimas del terrorismo”, ha explicado la también miembro de Elkarri, y por si esto fuera poco, ha añadido que, por este motivo, la educación no debe prestar atención a éstas ni tomarlas como referente.
El argumento de Aintzane Ezenarro es rotundamente perverso por su planteamiento manipulador, al presentar como una “deuda colectiva” lo que solamente debe contemplarse como una propuesta educativa, pero, además, demuestra una absoluta falta de empatía no solamente con quienes más han sufrido la violencia de los criminales sino también, y sobre todo, con el pasado y el presente de la sociedad vasca, dramáticamente marcado por el terror etarra.
De tanto buscar evidencias para diluir el comportamiento totalitario y criminal de sus próximos ideológicos, Aintzane Ezenarro, imitando a gran parte del mundo nacionalista vasco, ha terminado por confundir a los verdugos con las víctimas de éstos y ha optado por repartir responsabilidades entre quienes llevan cinco décadas asesinando y quienes llevan el mismo tiempo poniendo los muertos para proteger la libertad de la que ahora disfrutamos todos, incluida Aintzane Ezenarro.
La sociedad vasca, la misma que durante años ha callado soezmente ante los crímenes de ETA, la misma que ha tolerado los vítores a los pistoleros mientras se avergonzaba de mirar a los ojos de los damnificados por la violencia y la misma que ha tardado medio siglo en homenajear tímidamente a quienes han dado su vida por nuestra libertad, debe muchas cosas a las víctimas del terrorismo. Pero, sobre todo, se debe dos cosas, y muy importantes, a sí misma: la memoria histórica y la verdad de lo sucedido.
Frente a quienes como Aintzane Ezenarro apelan a no volver la vista hacia atrás para no despertar las iras de quienes todavía pretenden recibir un premio político por dejar de matar, el recuerdo constante y permanente de lo sucedido durante los últimos cincuenta años ha de erigirse como el núcleo central de cualquier proyecto conjunto de sociedad que pretenda superar varias décadas de terror. A pesar de las interpretaciones perversas que se hacen al respecto, la memoria histórica de lo reciente no es algo que impida cerrar las viejas heridas. Más bien al contrario, la memoria es la única herramienta de que dispone una sociedad para interiorizar sus desmanes, para vertebrar nuevos caminos de futuro que se alejen de la atrocidad y, sobre todo, para cerrar con un mínimo de solidez heridas colectivas que jamás debieron haberse provocado. El perdón del daño causado y la condonación del dolor infligido, aún siendo elementos que no pueden exigirse desde un punto de vista político o jurídico, solamente pueden tener sentido sobre la memoria permanente de lo que ha acaecido y sobre una perspectiva a largo plazo que presente visos ciertos de que el horror no va a volver a reproducirse. Nada se podrá reconstruir desde un punto de vista ético si, interesadamente y para satisfacer a los verdugos, se intenta correr un tupido velo sobre la infamia, la iniquidad y sobre casi un millar de muertos inocentes.
Lógicamente, la restitución del pasado para reconstruir con firmeza ética el futuro, solamente puede hacerse sobre la evidencia, la verdad y la certeza de lo sucedido. Durante decenios, en el País Vasco ha predominado una concepción falsaria de la historia que ahora quiere perpetuarse para hacernos creer a todos los ciudadanos que los frutos amargos del terrorismo han sido simples peajes que ha habido que pagar en aras de la construcción de una presunta nación fantasmal que solamente pervive en la mente de unos pocos. Es mentira que en esta tierra haya existido un conflicto entre dos partes enfrentadas, es una aberración insinuar que un grupo de asesinos posee la misma legitimidad democrática que cualquier institución democrática, no es cierto que los verdugos posean los mismos derechos que sus víctimas y, desde luego, es una profunda depravación política y moral afirmar sin el menor sonrojo, como hacen reiteradamente personas como Aintzane Ezenarro, "que ha habido dolor por ambas partes". Primero, por el hecho de que en el País Vasco jamás ha habido dos bandos enfrentados y, en segundo lugar, porque de ninguna manera es lo mismo ser penado por la justicia que ser una víctima de la injusticia. Ser victimario exige una postura activa y voluntaria; ser víctima, es un estigma no querido e impuesto por la sinrazón, el odio y la crueldad.
No puede haber paz sin verdad y la reconstrucción ética de nuestra comunidad exige decir muy alto y muy claro que lo único que ha habido en el País Vasco es una serie de grupos terroristas, entre los que destaca ETA, que han segado cientos de vidas inocentes, que han sembrado el terror entre miles de personas pacíficas y que han puesto en grave peligro un ordenamiento institucional democráticamente aprobado por la mayoría de los ciudadanos. Y esta verdad, la única posible, exige, como consecuencia más directa, un derroche de justicia, de firmeza y de equidad. Y exige, muy especialmente, ser contada a nuestros hijos. En nuestras casas, pero también en las escuelas.

Documento complementario: "Carta abierta a las víctimas". Aintzane Ezenarro

Artículo complementario: "Quién tema a las víctimas del terrorismo en el País Vasco"

3 comentarios:

  1. Repugnante lo de esta "señora". Como todos los nacionalistas, quieren el olvido, quieren ignorar la realidad para así poder moldearla a su gusto. La etica es un obstáculo en sus planes, algo que saltar, y que hacer saltar a la chavalería en formación; normal, el nacionalismo no busca gente pensante, busca adeptos a la causa.

    Como han hecho toda la vida, impostando el pasado para prostituir el futuro. Les da todo igual con tal de alcanzar el poder e imponer su ideología.

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  2. Esta mujer no lleva externamente el burka ni el niqab de los islamo-terroristas. Pero si los lleva muy dentro de su cerebrito, y solo se le ven cuando abre la boca.

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