Destacados representantes de la Iglesia vasca nacionalista piden que "se renuncie a la derrota de ETA" y apelan al "diálogo" para alcanzar una solución "justa" al "conflicto vasco"

Euskadi Información Global. Redacción. San Sebastián. Durante los últimos cincuenta años, el clero vasco en general, y los curas guipuzcoanos en particular, jamás han hecho público un manifiesto en apoyo de los varios centenares de víctimas del terrorismo que ETA ha causado entre los ciudadanos demócratas vascos. Durante las últimas tres décadas, la mayor parte de la iglesia vasca, liderada por personajes empáticos con los criminales como los obispos José María Setién o, más recientemente, Juan María Uriarte, ha mantenido un silencio casi absoluto ante la barbarie etarra, ante los cientos de personas amenazadas por los asesinos y ante los constantes ataques a los derechos más elementales que miles de hombres y mujeres de Euskadi han tenido que soportar por parte del nacionalismo independentista y del terrorismo secesionista. La mayor parte de los curas vascos, salvo honrosas excepciones como el siempre añorado Antonio Beristain o Alfredo Tamayo, entre otros pocos, siempre ha guardado un silencio rastrero, humillado y cobarde ante la perversión nacionalterrorista. 
Por el contrario, estos fariseos espirituales, estos personajes éticamente indecentes, políticamente reaccionarios y socialmente convulsos, siempre se han mostrado muy locuaces, por ejemplo, a la hora de justificar, entender, proteger y solidarizarse con todos y cada uno de los asesinos etarras detenidos por los cuerpos de seguridad del Estado. La iglesia vasca, dominada por un clero ultranacionalista, cuando no directamente proetarra, jamás han mostrado ni un ápice de piedad por las víctimas de la atrocidad, pero los asesinos, sus cómplices y sus portavoces siempre han hallado en las parroquias consuelo, comprensión y apoyo.
El sacerdote vizcaíno Jaime Larrínaga, hoy “exiliado” en Madrid por las amenazas vertidas contra él desde ámbitos del nacionalismo vasco más radical y violento, lo ha explicado con gran concisión y brillantez: "La Iglesia vasca, y esto no es ningún secreto, es en su mayoría profundamente nacionalista. Cuando hay que nombrar a algún obispo para alguna de las diócesis vascas se emplean, por parte del clero de esta región, todos los medios para que sea un obispo nacionalista. Se podría exigir que fuera un buen pastor, católico, universal, abierto para una sociedad y una iglesia plural. Pero no. La Iglesia vasca solamente muestra su cara nacionalista. Ha sacralizado Euskadi, y la ha colocado por encima del Evangelio y de Dios. Dentro de esta concepción nacionalista, los terroristas, los que hacen el "trabajo sucio", son considerados como los hijos "descarriados", como los hijos pródigos a los que hay que atender y respetar en sus derechos. La Iglesia sí que condena las muertes, pero ignora a los asesinos, y los asesinos, cuando son detenidos y juzgados, encuentran en la Iglesia amparo y defensa. De esta forma, la Iglesia, al mostrarse piadosa con los crueles, se convierte en cruel con las víctimas. La Iglesia vasca siempre ha denunciado los crímenes de ETA, pero jamás ha condenado a los asesinos”.
Confirmando estas lúcidas palabras de Jaime Larrínaga, un grupo de 63 presbíteros, religiosos y laicos de Guipúzcoa, que incluye a varios de los curas más críticos con el actual obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, ha hecho pública una carta en la que apelan al "diálogo" para una "solución justa" al "conflicto político", renunciando a "dinámicas de dominación y victoria-derrota". La misiva, que lleva por título "Pasos para la paz de Euskal Herria" y que ha sido elaborada tras el último comunicado de alto el fuego de ETA, sale a la luz pública en un momento en que "se está alumbrando lo que el pueblo vasco ha venido anhelando durante largo tiempo: la paz".
Los autores de este documento, que piden a la organización terrorista que abandone la violencia, apelan al mismo tiempo a "un comportamiento responsable por parte de todos". Defienden el respeto "a la voluntad mayoritaria del pueblo", y aluden implícitamente a la necesidad de acabar con las ilegalizaciones de partidos. Además, califican de inaceptables la tortura y los malos tratos, y consideran "imprescindible" que la policía respete en todo momento "los derechos humanos de los detenidos". 
Entre los firmantes destacan el teólogo y exfranciscano Joxe Arregi, que dejó el pasado año el hábito para no acatar las órdenes de Munilla; el párroco de San Pedro Lasarte y director del Instituto de Ciencias Religiosas Pío XII, Xabier Andonegi; y el franciscano de Arantzazu Iñaki Beristain. Otras personas que suscriben el manifiesto son el que fuera arcipreste de Irun y Hondarribia José Ramón Trebiño; la responsable de Comunicación con el obispo Uriarte, Marije Gerra; y la exsecretaria del obispo Setién, Luzia Alberro.

Documento íntegro: "Pasos para paz de Euskal Herria"

1 comentario:

  1. El Vaticano haría bien en mandar a esta patulea proterrorista a unas misiones en Africa o en Iran, durante 10 o 15 años.

    Tal vez de esta forma los seminarios vascos volvieran a tener algo de vida, así como la iglesia vasca, ahora hundida en la miseria con lo que fue antaño.

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