“Sortu”: El totalitarismo terrorista de ayer que pretende convertirse en el referente político del mañana

Quizás no ocurra para las próximas elecciones municipales, pero, en un plazo de tiempo muy breve (y la próxima convocatoria electoral importante tendrá lugar durante el primer semestre de 2012), “Sortu”, la nueva marca electoral de la autodenominada “izquierda abertzale”, será legal. 
No podrá ser de otra manera, ya que esta formación política es un metódico ejercicio de ingeniería jurídica diseñado para cumplir con la Ley de Partidos y para establecer una falla profunda, una clara línea discontinua, entre la Batasuna sumisa a ETA de las últimas tres décadas y los “independentistas de izquierdas” en que ahora quieren convertirse quienes durante más años de los que somos capaces de recordar han apoyado, comprendido, justificado y alentado todos y cada uno de los crímenes de la banda terrorista.
Por este motivo, para la inmensa mayoría de ciudadanos españoles el problema de “Sortu” no ha de ser si este partido político surgido del horror es legal o no. El gran drama para los demócratas es que prácticamente desde ya, los antiguos proetarras van a comenzar a hacer política como si sus orígenes totalitarios, su aliento terrorista, su ideología fanática, su intenso antiliberalismo, su antirracionalismo y su profundo carácter  reaccionario no tuvieran ninguna importancia y como si los infinitos vítores que los integristas de la presunta nación vasca han otorgado a los asesinos no hubieran tenido ninguna importancia ni ninguna consecuencia en la sociedad.
El nacimiento de “Sortu”, tutelado en gran parte de su concepción por ETA, avalado por el nacionalismo radical, acreditado por una izquierda obtusa y alentado por amplios sectores de la población vasca que siempre han estado más cerca de los verdugos que de las víctimas de éstos, va a revelar rápidamente, y así lo veremos durante los próximos meses, como la desmemoria, la mentira como herramienta de construcción de los consensos colectivos, la equidistancia fatua, el desmayo ideológico y la vacuidad de los valores contemporáneos, tratan de convertir la reciente historia del País Vasco en un escenario irreal en el que "ha habido sufrimiento por ambas partes”, en el que “todos tenemos que ceder” y en el que hay que ofrecer espacios para “la reconciliación”.
Frente a estas pretensiones que, en el fondo, lo único que pretenden es aplicar grandes dosis de impunidad sobre la responsabilidad de los terroristas, de los cómplices de éstos y de quienes siempre han vivido a la sombra de unos y de otros, el gran reto de los demócratas vascos no debe ser, por imposible, conseguir una improbable ilegalización de la nueva Batasuna.
En este momento, el gran desafío ha de consistir en desenmascarar una vez tras otra a los proetarras de ayer, que a partir de ahora van a ser presentados públicamente como los hombres de paz del mañana. Nuestro gran reto va a centrarse en seguir manteniendo viva la memoria de las víctimas del terrorismo como único referente ético sobre el que será posible la convivencia en Euskadi. Nuestro combate ha de consistir en decir repetidamente que nuestro sistema de libertades se impone como moralmente superior a los planteamientos totalitarios e integristas de quienes presentan como único mérito el haber dejado de apoyar políticamente a una banda de psicópatas asesinos. Y nuestra gran lucha para los próximos años consistirá, sobre todo, en impedir que quienes durante décadas han estado despreciando, insultando, humillando y chantajeando a los vascos libres y demócratas vayan a convertirse, a la primera de cambio, en la representación política institucional de este país.
Los nacionalistas vascos, indirectamente en el caso del PNV, y directamente en el caso de Eusko Alkartasuna, saben que la nueva Batasuna que acaba de nacer puede ser su gran aliado para alcanzar la mítica, irreal y tantas veces ensangrentada patria vasca que nunca existió. Cuentan con ello y cuentan con su apoyo, sea éste latente o evidente, como ya lo hizo Juan José Ibarretxe durante ocho años. Ante estas pretensiones, los demócratas vascos, quienes en esta comunidad defendemos la democracia liberal, la Constitución, el Estatuto de Autonomía y la legalidad vigente como el gran territorio donde se conjuga el derecho de todos a la civilidad, deberemos, una vez más, estar atentos. Un fanático, un intransigente y un fascista no deja de serlo porque deje de matar o porque deje de apoyar a los que matan. Simplemente, pasa a ser un fanático, un intransigente o un fascista que dice no matar ni apoyar a los que matan.  Y es que, además, y mientras tanto, un puñado de encapuchados sigue tomando notas a sus espaldas. Por si fuera necesario intervenir.

3 comentarios:

  1. Lo bueno del revuelo ocasionado en la presentación de los Estatutos por parte de Rufi Etxeberría, es que se aprecia que los etabatasutos están pasando los peores días de su triste historia y que digan que de ahora en adelante van a actuar democráticamente.
    Lo malo es que esas promesas ya las han hecho anteriormente; que Eta está a la expectativa, que ponen condiciones, que no reconocen su macabra historia ni piden perdón y que traten de confundir a entidades y a ciudadanos de buena voluntad.
    Sortu, la decimotercera marca de los batasunos, mientras no demuestre lo contrario, es la misma ETA-Batasuna de siempre, con la misma estrategia maquiavélica y hasta con los mismos miembros. El portavoz de los etosunos, leyendo para no errar en el comunicado, rechaza a ETA sin rechazarla; condena a la banda sin condenarla, rechaza y condena la futura violencia etarra “si la hubiera” pero para nada y por nada, su violencia pasada. Borrón y cuenta nueva. Nosotros no hemos sido.
    No han pasado 24 horas de la nueva puesta en escena y Etxeberría en Cadena Ser, ha justificado los atentado etarras, alegando la existencia de violencia por parte del Estado y manifestando que ETA ya tiene puesto sobre la mesa las condiciones sobre “las que se puede y se tiene que edificar la salida definitiva del conflicto que tiene vertiente armada” que traducido en paladino español, no son otras que la reivindicación del proceso de negociación para la consecución de la independencia.
    Suma y sigue, porque después de 50 años asesinando, lo que se ha de exigir a los ahora etabatasurtos, es que tengan paciencia, que muestren de hecho que pretenden conseguir sus objetivos democráticamente, que mientras tanto recuerden el dolor y sufrimiento ocasionado a las víctimas y a la inmensa mayoría de los ciudadanos, que reconozcan que se han comportado como fascista y crueles asesinos, que condenen la violencia ejercida durante 5 décadas, que pidan perdón, que entreguen las armas y que se disuelvan.

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  2. Si ya resultaba sospechosa la actitud de los medios del grupo Prisa en este asunto, lo que faltaba por saber es que Pérez Royo ha participado en la elaboración de los estatutos de la nueva batasunada.....

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  3. Lo que manifiestan los Sortus en sus estatutos, es algo relevante y significativo, pero si sus manifestaciones no son secundadas con hechos, carecen de sentido y por las experiencias vividas, de momento, inducen a pensar que estamos ante una nueva estrategia trampa. Los abertzales de siempre, representados ahora por Rufi Etxeberría, mediante 10 o 12 diferentes nominaciones, nos han engañado, al menos, otras tantas veces y ahora nadie cree que de la noche a la mañana, se hayan convertido en demócratas. No se aprecia su sentimiento ni compromiso democrático porque rechazan la violencia que pudiera darse por parte de ETA, pero no condenan a su banda y se intuye que pretenden que ETA siga vigilando. Rechazan pero no condenan a ETA ni sus execrables asesinatos cometidos en connivencia. No condenan porque eso implicaría reconocer todas sus aberraciones; no condenan ni piden perdón por las atrocidades cometidas. De todas las maneras, legalizado Sortu, Rufi y cía ¿pueden certificar que cesaría la lucha armada?.
    Ante esta nueva escenificación de los etabatasortus, lo que confunde, desasosiega y cabrea a la opinión pública es que, con intereses inconfesados, los demócratas que pactaron con ellos, pidan su inmediata legalización, al igual que el obsesivo negociador Txusito; que el Gobierno eluda su responsabilidad, remitiendo a la Justicia el asunto y que el resto de los representantes políticos no tengan la unión, la honradez y el coraje suficientes para exigir a quienes han estado asesinando, amedrentando, extorsionando y exiliando, que pasen una cuarentena, antes de entrar en las instituciones, demostrando comportamientos que acrediten sus promesas y compromisos.

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