Reportaje especial: Nueva York, diez años después del terror

Detalle del futuro Memorial 11S en el World Trade Center
"Sí, somos éticamente superiores a los terroristas"

Euskadi Información Global. Raúl González Zorrilla. Nueva York
"Estos son los Estados Unidos de América y todo es posible aquí" grita un gigantesco hombre de color mientras abre las puertas de un comercio de moda, y es como si sus palabras poderosas dieran paso a una danza espectacular en la que los miles de personas que diariamente pululan por la Plaza Rockefeller comenzaran a bailar esa coreografía trepidante, avasalladora, fascinante y extrañamente reconocible que es la vida cotidiana en Nueva York. Esta misma representación colectiva de gente trabajando, gente comprando, gente negociando, gente pactando, gente paseando, gente mirando y gente sintiéndose en el centro del mundo al saberse en el sitio en el que realmente ocurren las cosas, es la misma que interpretaban hace diez años los dos millones de hombres y de mujeres que habitan el distrito de Manhattan y que el 11 de septiembre de 2001 lloraron, padecieron y se estremecieron con el ruido ensordecedor que acompañó al asesinato de casi 3.000 personas y al derrumbe de las Torres Gemelas que conformaban el núcleo central del World Trade Center tras sufrir el que, hasta el presente, es el atentado terrorista mas grave de la historia contemporánea.
Aquella masacre sangrienta y trágica que el integrismo islamista lanzó como amenaza y órdago al mundo occidental y que inauguró, de hecho, el siglo XXI, conmocionó intensamente a los neoyorquinos que, de repente, se sintieron vulnerables, dependientes, frágiles, débiles y destructibles, pero, al mismo tiempo, sirvió para que éstos en particular, e importantes colectivos políticos, sociales y culturales de Estados Unidos en general, comenzaran a entender algo que en Europa, donde posteriormente también habrían de padecerse ataques totalitarios de similar tipología, todavía no ha sido, ni remotamente, interiorizado: que la protección de los derechos más elementales de los seres humanos, la defensa de la democracia como sistema insustituible del gobierno de las naciones, la asunción de las libertades individuales como eje central del progreso colectivo y la construcción histórica de un sistema legal e institucional que proporcione cobertura a los valores que definen lo que entendemos como civilización occidental, no es algo que puede abandonarse sin consecuencias o dejarse gratuitamente al albur de los acontecimientos. Muy al contrario, la efectiva consolidación de estos referentes cruciales, representados simbólicamente de una forma excepcional por los neones infinitamente repetidos y fotografiados de la ciudad de Nueva York, exige de un titánico esfuerzo colectivo que debe ser gestionado de una forma lúcida, efectiva y permanente desde los sectores políticos, sociales, económicos y culturales que lideran una determinada sociedad...

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