La obsesión de “Gesto por la Paz” por el “perdón”, por la “reconciliación” y por criminalizar a las fuerzas de seguridad despierta una profunda indignación entre las víctimas del terrorismo y los ciudadanos vascos demócratas

Durante los últimos días, la organización Gesto por la Paz ha impulsado en las tres capitales vascas unas pretendidas "Jornadas de Solidaridad con las Víctimas" que, según algunas quejas que han llegado a nuestra redacción, están provocando un profundo malestar entre algunos de los asistentes a las mismas. 
El empeño de Gesto por la Paz por plantear el perdón a los terroristas como un requisito indispensable para avanzar hacia la paz, su obsesión por buscar una pretendida reconciliación de la sociedad vasca “entre partes enfrentadas” y la reiterada insistencia de los portavoces de la coordinadora por criminalizar a las fuerzas de seguridad del Estado, son algunas de las cuestiones que más desazón y preocupación han despertando entre varias de las personas que presentes en estos encuentros.
El pasado miércoles 28 de septiembre, por ejemplo, Gesto por la Paz llevó a cabo en la Casa Cordón de Vitoria una de estas “Jornadas de Solidaridad con las Víctimas del Terrorismo”, durante la que se proyectó la película “Mujeres en Construcción” y en la que se contó con la presencia de tres víctimas del terrorismo. Éstas relataron su experiencia personal e insistentemente fueron requeridas para que respondieran a la cuestión de si ellas “perdonarían o no” a los asesinos de sus familiares.  “La situación resultaba indignante”, relata una de las personas asistentes al acto, “porque desde los representantes de Gesto por la Paz, que previamente habían lanzado su alegato a favor de la reconciliación, de la necesidad de ser indulgentes con los terroristas y de la urgencia por tener en cuenta los ‘nuevos tiempos’ y la ‘situación diferente’ que se vive en el País Vasco, se preguntaba a las víctimas del terrorismo si estarían dispuestas a aceptar la reinserción de los presos en la sociedad. El interrogante, planteado de ese modo y en ese contexto, resultaba tan grosero como impertinente, pero es que, además, marcaba el camino a la respuesta esperada”.
Los testigos presentes en el acto, que reunió aproximadamente a una treintena de personas, señalan, además, que Fabián Laespada, el portavoz de Gesto por la Paz que presentaba el encuentro, abrió el mismo partiendo de una presunción innecesaria, radicalmente discutible y que, además, criminalizaba la labor antiterrorista llevada a cabo por la policía en el País Vasco a lo largo de las última décadas:  “Ya sabemos que las Fuerzas de Seguridad hicieron cosas muy malas en su momento, pero, a pesar de ello, hay que prestar atención al mensaje de las víctimas del terrorismo”, explicó el ponente, con lo que, de un modo directo, ya dejaba patente la idea indecente y falaz de que en Euskadi han existido muchos tipos de violencia, equiparables y enfrentadas unas con otras, entre las que, al parecer, el terrorismo de ETA es, solamente, una más. 
Las mismas personas presentes en el acto revelan también su extrañeza porque en la apertura de éste, y casi actuando como anfitrión del mismo, se encontrara el destacado parlamentario de los socialistas vascos Jesús Loza, uno de los dirigentes del PSE que más ha trabajado para el reconocimiento político de lo que desde el Ejecutivo de Patxi López se conoce como “otras víctimas”.
Fabián Laespada, que junto con Isabel Urkijo ha llevado a Gesto por la Paz a mantener una vergonzosa unidad de acción con la coordinadora ultranacionalista Lokarri, es uno de los principales artífices de una ética blanda y dúctil muy extendida en el País Vasco. Se trata de una moral contemporizadora y flexible que habla en favor de los derechos humanos, demanda la paz y exige el fin de los crímenes, pero que lo hace siempre con argumentos que difuminan la responsabilidad de los asesinatos, que evitan señalar con nombres y apellidos a los responsables de los delitos salvo cuando es para proceder a la reinserción de éstos, que abogan por extender la responsabilidad de la barbarie a toda la sociedad, que obvia a los muchos cómplices políticos de la atrocidad y que,  tal y como enseña la iglesia vasca, llora por las víctimas del horror al mismo tiempo que solloza por la existencia de los victimarios.

Información complementaria

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