La imposición lingüística del euskera, catalán y el gallego ha costado 50.000 millones de euros en los últimos diez años


Construir naciones ficticias en base a la implantación totalitaria de idiomas minoritarios y apenas hablados que no interesan a nadie, exige dinero. Y mucho. En concreto (y aunque en estas cuestiones los cálculos siempre sean aproximados, sobre todo, por el empeño que ponen las administraciones regionales, generalmente de corte nacionalista, en ocultar sus obsesiones lingüísticas), los estudios más detallados revelan que, en los últimos diez años, el adoctrinamiento educativo y la imposición administrativa de las hablas locales, ha exigido una inversión no menor a los 50.000 millones de euros. Esta cifra, mareante de por sí, cobra todo su significado si tenemos en cuenta que el actual desfase presupuestario español, cuya corrección va a exigir importantes esfuerzos a todos los ciudadanos, es de 27.000 millones de euros.

Tomando como referencia el año 2011, y según el informe “El Gasto lingüístico autonómico” que el Gabinete Técnico de Estudios de la Asociación Profesional de Directores de Recursos Humanos hará público la próxima semana, el Gobierno de Artur Mas se gastó 2.600 millones de euros en la implantación del catalán, mientras que Patxi López dilapidó 950 millones en Euskadi para convertir el euskera, lengua apenas hablada por un 20% de los vascos, en uno de los idiomas más subvencionados de Europa. Tras el despropósito lingüístico totalizador de Cataluña y País Vasco, el mayor gasto en estos menesteres correspondió a Galicia, donde el gabinete de Nuñez Feijoo derrochó 750 millones de euros. A continuación, la Comunidad Valenciana de Alberto Fabra (740 millones), Navarra (550) y Baleares (540). En total, 6.130 millones dilapidados por las administraciones autonómicas y locales de estas regiones.
En el estudio se detallan las ayudas utilizadas tanto de forma directa como indirecta, dentro de las que se incluyen partidas como ayudas o subvenciones autonómicas y locales a entidades de fomento de la lengua o a proyectos de normalización o inmersión lingüística, tanto en el campo educativo, como en la cultura, la traducción de películas o las actividades deportivas. La investigación también sugiere que la cifra podría ser mayor, ya que hay entidades públicas que destinan partidas a este campo y que resultan muy difíciles de fiscalizar, y tampoco se han incluido los gastos en formación lingüística realizadas en el campo empresarial y laboral.



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2 comentarios:

  1. Don Raul, no se si ha leido el último libro de Jesus Lainz (desde Santurce a Bizancio:el poder nacionalizador de las palabras). Estoy leyendo la parte de los procesos nacionalizadores en Europa durante el siglo XX, y es muy clarificador en cuanto a qué buscan los nacionalismos vasco y catalan.

    Ah y que se sepa que se sigue haciendo la cama al español. En el colegio de mi hija por ejemplo, el siempre sospechoso consejo escolar, sin encomendarse a nadie, eliminó el modelo B de un colegio donde apostaría la lengua materna del 95% es el español.

    Es decir, que Patxi Lopez, con el apoyo del PP, ha continuado con las politicas linguisticas del marciano Ibarretxe.

    Con estos amigos, pocos enemigos hacen falta.

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  2. Lo he leído, Señor Ogro. Y es un trabajo magnífico que debería ser de lectura obligatoria para todos nuestros políticos. Para los nacionalistas porque quizás, de este modo, aprenden algo de algo. Y para los demás porque si algo demuestra Jesús es que el Estado español y los diferentes gobiernos españoles han caído, repetida y voluntariamente, por complicidad, ignorancia o cobardía, en todas las trampas ideológicas, intelectuales y políticas que los nacionalismos periféricos les han ido tendiendo desde el comienzo de la Transición.

    Un saludo Señor Ogro

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