Los 4.800 liberados sindicales que hay en el País Vasco cuestan 150 millones de euros anuales a las administraciones públicas y a las empresas privadas

"El señor sindicalista va a la huelga"

Es uno de los secretos mejor guardados del país. Nadie sabe, nadie se atreve a ofrecer datos concretos, nadie es capaz de concretar las dimensiones de una sangría económica para las administraciones públicas y las empresas privadas que tiene su origen en lo más remoto del siglo pasado. El número de liberados sindicales que hay en el País Vasco y en el resto de España es un auténtico misterio, pero lo que sí sabemos todos es que estos personajes que hoy llaman a la huelga armados con el “kit” de piqueteros que les han suministrado sus respectivas agrupaciones laborales (bocadillo de chorizo, emparedado de lomo, agua, pegatinas y un pequeño bloque de silicona) cobran su sueldo todos los meses, sin nunca trabajar y dedicados, exclusivamente, a su quehacer “sindical” en “representación” de los trabajadores (la cifra de empleados sindicados en España no llega al 15%).
Si se cruza las informaciones que suministran las diversas instituciones políticas y económicas, las organizaciones empresariales, las consultoras especializadas, los medios de comunicación y las propias centrales sindicales, en España podría aventurarse una cifra de 60.000 liberados sindicales, de los que alrededor de 4.800 se encontrarían en el País Vasco. Para pagar los sueldos, las dietas y la seguridad social de estos sindicalistas de postín, las administraciones públicas y las empresas privadas, en Euskadi, destinan un total de 150 millones de euros. En 2011, solamente el Gobierno vasco y sus entes y sociedades públicas, que cuentan con 843 liberados, dedicaron 16,4 millones de euros a contratar sustitutos para cubrir el puesto de empleados públicos liberados para realizar labores sindicales.
Pero los sindicatos y los sindicalistas que hoy intentan paralizar el país azuzados por la izquierda más sectaria y radical que existe en Europa, también explotan los recursos de todos a través de otras vías. En 2011, el Estado subvencionó a Comisiones Obreras y UGT con un total de 17 millones de euros; con cinco millones, a USO; con 500.000 euros a ELA, y con 300.000 a LAB.
Además, todos los sindicatos reciben ayudas millonarias para diversos programas sociales (el Gobierno de Patxi López ha llegado a subvencionar a UGT para montar una “escuela de la paz” en el espacio virtual de Second Life), así como, en algunos casos, disfrutan de la posibilidad de utilizar edificios del patrimonio público para sus actividades piqueteras. A esto, habría que sumar las subvenciones que las organizaciones sindicales reciben de las diputaciones forales, de los ayuntamientos y, muy especialmente, de los diferentes programas de formación profesional puestos en marcha por los instituciones.
En la última huelga general convocada por los sindicatos nacionalistas vascos, una periodista de televisión preguntaba a un pequeño empresario, en el mismo momento en que cerraba su taller, sobre lo que estaba ocurriendo. El hombre, no se sabe si sorprendido por la “sagaz” pregunta de la reportera o por lo surrealista de la situación, respondió con tanta rapidez como agotamiento.
- Ya lo ve usted. Los señores sindicalistas se van a la huelga

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