“La sociedad vasca no ha sido consciente del coste ético y cívico de las intimidaciones”

Escultura homenaje a las víctimas instalada en Cartagena
“Las víctimas tienden a ser objeto de procesos de cosificación que buscan despojarlas de su dignidad humana”; “La mayoría de las víctimas tiene dificultades de inserción laboral”; “La sociedad vasca no ha sido consciente del coste ético y cívico de las amenazas e intimidaciones”; “Existe un círculo vicioso revictimizador ante demandas de reparación y de justicia insatisfechas, el retorno heroico de los victimarios a sus lugares de origen y cuando la sociedad –e incluso el círculo próximo de la víctima– mira para otro lado”. Estas son algunas de las conclusiones a las que ha llegado un informe que acaba de hacerse público por la Fundación Buesa. Esta entidad ha encargado a la socióloga Izaskun Sáez de la Fuente Aldama la recopilación “de distintas experiencias de victimación mediante la realización de entrevistas a las propias víctimas”. Y los resultados del estudio, resultan demoledores:

“Las víctimas, antes, durante y después de los hechos victimizadores, tienden a ser objeto de procesos de cosificación que buscan despojarlas de su dignidad humana. Dichos procesos únicamente resultan operativos si quienes los llevan a cabo han sido socializados en la identificación de personas que piensan diferente o desempeñan determinados cargos como enemigos.”
”Se genera un círculo vicioso revictimizador ante demandas de reparación y de justicia insatisfechas –por ejemplo, hay más de trescientos atentados mortales sin resolver–, el retorno heroico de los victimarios a sus lugares de origen y cuando la sociedad –e incluso el círculo próximo de la víctima– mira para otro lado (muchas veces por miedo a la estigmatización) o tiende a una perversa equiparación de las muertes, la de la víctima y la del victimario. En lugares emblemáticos para el entorno del nacionalismo radical la revictimización ha resultado especialmente cruel”
”La vida cotidiana de las víctimas se ha visto seriamente afectada. El sentimiento de culpa se ha convertido en su talón de Aquiles sobre todo respecto a las consecuencias que la situación en la que viven ha tenido para su entorno familiar. Algunos niños y jóvenes vascos no han sabido hasta este momento qué significa relacionarse libremente con sus progenitores, sin la sombra de un escolta”
”La mayoría de las víctimas no viven de su condición de tales y tienen, además, dificultades de inserción laboral, bien por sus limitaciones psicofísicas, por la escasa solidaridad del entorno de trabajo o por el mero hecho de ir escoltadas”
”Si ante la muerte, la conciencia social de rechazo ha crecido poco a poco, la reacción ante la intimidación y la amenaza no ha traspasado el discurso de lo políticamente correcto y la sociedad vasca no ha sido consciente de su coste ético y cívico”.

Leer informe íntegro

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