"Extienden la responsabilidad de la atrocidad a toda la sociedad vasca para diluir la deuda infinita que los terroristas y sus cómplices tienen con la democracia y la libertad colectivas"

La bondad como un nuevo totalitarismo
Raúl González Zorrilla

R. Ares, M. Lasa y J. Loza
Por el País Vasco se pasean unos cuantos, siempre demasiados, asesinos de la banda terrorista ETA; en el País Vasco habitan miles de cómplices de los criminales; y, también en el País Vasco, una parte importante de la población se ha pasado la vida intentando justificar a los primeros, pactando con los segundos y pergeñando todo tipo de fullerías y engaños para soportar la inmensa carga moral que supone permanecer durante décadas mirando hacia otro lado cada vez que la banda terrorista ETA perpetraba un nuevo atentado.
De esta purulencia ambiental, aderezada con infinitas dosis de relativismo ideológico, pensamiento débil, falsos progresismos siempre más próximos a quienes propagan la violencia que a quienes la padecen y una ignorancia rayana en la más absoluta estupidez, ha surgido una caterva de hombres y mujeres que, directamente alimentados de los presupuestos públicos o indirectamente mantenidos por éstos, está difundiendo una aberrante ética blanda que, en aras de una pretendida concordia colectiva, quiere hacernos creer que los comunicados de la banda terrorista o las nuevas declaraciones de principios de quienes anteayer todavía se desgañitaban gritando “ETA, mátalos” tienen la misma validez moral y política que el Código Penal o que las reclamaciones de Justicia de las víctimas.
No estoy hablando de los sinvergüenzas de la autodenominada “izquierda abertzale” que como hienas hambrientas están desguazando la Diputación foral de Guipúzcoa, el Ayuntamiento de San Sebastián y varias decenas más de corporaciones municipales de Euskadi. Tampoco me refiero a los muchos fanáticos nacionalistas e independentistas que abrevan en este país manteniendo siempre lleno su pesebre gracias a una entramado institucional diabólico y económicamente insoportable, gracias a una imposición bastarda del euskera y gracias a una pertinente, estratégica y sagaz utilización de los recursos de poder que la desquiciada España autonómica otorga a sus regiones en el Parlamento de Madrid.
Me refiero, sobre todo, a esos numerosos cargos, carguitos, directores, asesores, adjuntos, comisionados, enviados, mediadores, reconciliadores profesionales, especialistas en conflictos y personajes de similar pelaje que, apelando a la impunidad de los asesinos, apremiando al olvido histórico, leyendo las leyes a su gusto, insultando a las víctimas, extendiendo la responsabilidad de la atrocidad a toda la sociedad vasca para diluir la deuda infinita que los terroristas y sus cómplices tienen con la democracia y la libertad colectivas y, sobre todo, financiando, manipulando y confeccionando abrazos entre quienes han matado y quienes han visto cómo sus familiares eran asesinados, están demoliendo los muros de la vieja Euskadi para diseñar los cimientos de la futura Euskal Herria que los más brutos del lugar pronto comenzarán a levantar sobre centenares de cadáveres olvidados.
Jesús Loza, Txema Urkijo, Maixabel Lasa, Roldolfo Ares o Paul Ríos son, entre otros muchos, algunos de los más conspicuos representantes de este totalitarismo de la bondad que, como tantos y tantos en el País Vasco a lo largo de los últimos años, condena la barbarie y habla en favor de los derechos humanos, pero lo hace siempre con cataplasmas argumentales y tópicos idiotas que únicamente buscan un fin: difuminar la responsabilidad de los asesinatos, paliar el cumplimiento de las penas que los tribunales asocian a estos delitos y mezclar todo tipo de “violencias” para ocultar el hecho históricamente cierto de que la actividad terrorista de ETA ha sido el único gran drama que ha vivido este país desde los inicios de la Transición. Pero, sobre todo, esta gente tiene un plan: soslayar y ocultar a los numerosísimos cómplices políticos de la atrocidad que se agazapan en nuestras calles, ya que si no lo hicieran así, sus puestos, sus prebendas, sus premios, su reconocimiento, su sobrevalorada presencia en los medios y, en fin, toda su patética trayectoria, se vendría abajo. Y es que, como ya advirtiera el escritor Francisco de Quevedo hace casi quinientos años, no se hace uno un nombre ni se obtiene un rango próspero defendiendo la Justicia, teniendo la razón política o llamando a los asesinos por su nombre. Las carreras brillantes se construyen, sobre todo, adulando y satisfaciendo a quienes mandan. ¿Y alguien duda de quién tiene hoy, quién ha tenido siempre, el poder en Euskadi?



2 comentarios:

  1. Menuda foto de los 3 fantásticos; se me ha revuelto el estómago sólo de verlos.

    Pais Vasco es un erial en lo moral. Y yo insisto, que esto hubiera sido imposible sin 3 décadas del mal llamado nacionalismo moderado.

    Porque ha sido ese nacionalismo "moderado", quien ha modelado a esta sociedad con una ingenieria social que nada tiene que envidiar a los peores regímenes del siglo XX. Eso sí, en democracia; la euskal-democracia, donde si hablas en contra del régimen te pegaban un tiro y donde si no aceptas las tesis nacionalistas eres ciudadano de segunda.

    Les recomiendo este enlace, para ver como piensan los naZionalistas vascos. Esto no es de hace 10 años, es de ESTA semana:

    http://belosticalle.blogspot.com.es/2012/07/euskera-macht-frei.html

    "Disfruten" de los comentarios; de como el "anomimo" anima a quienes no aceptan las trágalas a irse de su propia tierra, o como, desde un presunta e inexistente moderacion, este nacionalista vasco usa un vocabulario perfectamente paralelo al batasuno.

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  2. Si... esqueeeeee, la libertad no esta valorada por estos lares, piensan y actúan por nosotros, para nosotros y en nuestro nombre, lo malo, que nosotros, ignorantes no admitimos con agradecimiento sumiso los favores y bienes que nos administran, en nuestra ignorancia supina no alcanzamos a descubrir el "paraíso" que nos ofrecen, MAKETOS ESTÚPIDOS nos empeñamos en abrazar ese amor peligroso y particular a LA LIBERTAD. ¡¡¡Que tontos somos... !!!. Con lo bien que nos iría claudicando de tan perniciosa actitud, tan solo tragar sapos nazionalistas y bendiciones de la inmersión nos abriría las puertas de la felicidad. UFFFF... no tenemos remedio. ¡¡¡KATXISSSSSSSSSSS... !!!

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