Y dice el Códice Calixtino sobre los vascos: "Sus rostros feroces, así como los gruñidos de su bárbara lengua, aterrorizan el corazón de quienes los contemplan"


Tras su robo de la Catedral de Santiago de Compostela y su posterior recuperación por las fuerzas de seguridad se ha hablado mucho del Código Calixtino, aunque muy pocos se han fijado en los contenidos literarios del mismo. 
Fundamentalmente, este manuscrito iluminado de incalculable valor, compuesto a mediados del siglo XII, constituye una especie de guía para los peregrinos que seguían el Camino de Santiago en su transcurrir hasta la ciudad española. 
El volumen, dividido en cinco libros y dos apéndices, está formado por 225 folios de pergamino escritos en las dos caras, y aunque parece estar redactado por, al menos, cuatro personas, suele citarse como autor "oficial" del mismo a Aimerico de Picaud, un peregrino francés que llegó a Santiago de Compostela en el año 1143. 
La narración del viajero incluye sermones, milagros y textos litúrgicos relacionados con el Apóstol Santiago, pero en el Libro V, en su capítulo VII, también se ofrecen consejos, avisos, comentarios y descripciones de las costumbres locales de las gentes que vivían a lo largo del Camino. Y en este punto, el Códice Calixtino se extiende largo y tendido en su hablar de vascos y navarros, personas que habitan una región "poblada de bosques, montañosa, desolada de pan, vino y de todo alimento del cuerpo". Además, en opinión del visitante galo, las gentes de estos lares "son feroces como es feroz, montaraz y bárbara la misma tierra en que habitan. Sus rostros feroces, así como los gruñidos de su bárbara lengua, aterrorizan el corazón de quienes los contemplan."
Lo que el Códice Calixtino cuenta de vascos y navarros

"Después, ya cerca de Port de Cize, se encuentra el país de los vascos, que tiene en la costa hacia el norte la ciudad de Bayona. Esta tierra es bárbara por su lengua, poblada de bosques, montañosa, desolada de pan, vino y de todo alimento del cuerpo, salvo el consuelo de las manzanas, la sidra y la leche. En esta tierra, es decir, cerca de Port de Cize, en el pueblo llamado Ostabat, Saint-Jean y Saint-Michel-Pied-de-Port, los recaudadores de portazgo son tan malvados que merecen la más absoluta condena, porque armados con dos o tres garrotes, salen al paso a los peregrinos arrancándoles por la fuerza injustos tributos. Y si algún viajero se niega a darles los dineros que le piden, le golpean con los garrotes y en medio de amenazas le registran hasta las calzas y le quitan el censo, insultándole."
"Las gentes de estas tierras son feroces como es feroz, montaraz y bárbara la misma tierra en que habitan. Sus rostros feroces, así como los gruñidos de su bárbara lengua, aterrorizan el corazón de quienes los contemplan. Aunque legalmente sólo pueden cobrar tributo a los mercaderes, lo reciben injustamente de los peregrinos y de todos los viajeros. Cuando deben cobrar normalmente de cualquier cosa cuatro monedas o seis, ellos cobran ocho o doce, es decir, el doble. Por lo cual, mandamos y rogamos ardientemente que estos portazgueros juntamente con el rey de Aragón  y demás personas potentados que de ellos reciben los dineros del tributo, así como aquellos que los consienten, como son: Raimundo de Soule, Viviano de Agramonte y el Vizconde de San Miguel con toda su descendencia, junto con los antedichos barqueros y Arnaldo de Guinia con toda su descendencia y con los restantes señores de los referidos ríos, que injustamente reciben de aquellos mismos barqueros los dineros del pasaje, junto con los sacerdotes que a sabiendas les administran la penitencia y la eucaristía, o les celebran oficios divinos, o les admiten en sus iglesias, que sean diligentemente excomulgados, no sólo las sedes episcopales de sus respectivas tierras, sino también en la basílica de Santiago, en presencia de los peregrinos, mientras no se arrepientan con prolongada y pública penitencia, y moderen sus tributos. Y cualquier prelado que, por caridad o lucro, pretenda perdonarles de esto, reciba el golpe de la espada del anatema. Y sépase que dichos portazgueros en modo alguno deben percibir tributo de los peregrinos, y que los referidos barqueros no pueden cobrar, como tarifa por la travesía, más que un óbolo por dos hombres, si son ricos; y por su caballo un solo dinero; pero de los pobres nada. Y deben tener barcas grandes, en las que holgadamente puedan entrar las caballerías y los hombres."
"En el territorio todavía de los vascos, el camino de Santiago pasa por un monte muy alto, que se llama Port de Cize, o porque aquí se halla la puerta de España, o porque por dicho monte se transportan las mercancías de una tierra a otra; y su subida tiene ocho millas y su bajada igualmente otras ocho. Su altura es tanta que parece tocar el cielo. A quién lo sube le parece que puede tocar el cielo con la mano. Desde su cumbre puede verse el mar británico y el occidental, y las tierras de tres países, a saber: de Castilla, de Aragón y de Francia. En la cima de este monte hay un lugar llamado la Cruz de Carlomagno, porque en él, en tiempos pasados, Carlomagno abrió una senda con hachas, piquetas, azadas y otras herramientas, cuando, al frente de sus ejércitos, se dirigía a España. A continuación alzó figuradamente en alto la cruz del Señor, y doblando las rodillas en dirección a Galicia elevó sus preces a Dios y Santiago. Por este motivo, los peregrinos tienen la costumbre de hincarse allí de y orar vueltos hacia la patria de Santiago, y cada uno deja clavada una cruz, estandarte del Señor. Hasta mil se pueden encontrar allí. De ahí que se considere a aquel lugar por el primero de la oración a Santiago en el camino."
"En este mismo monte, antes de que creciese plenamente por tierra españolas la cristiandad, los impíos navarros y vascos solían no solo robar a los peregrinos que se dirigían a Santiago, sino también cabalgarlos como asnos, y matarlos. Junto a este monte, en dirección norte, hay un valle que se llama Valcarlos, en el que acampó el mismo Carlomagno con sus ejércitos, cuando sus guerreros fueron muertos en Roncesvalles, y por él que pasan también muchos peregrinos camino de Santiago y no quieren escalar el monte. Luego, pues, en el descenso del monte se encuentra el hospital y la iglesia en donde se está el peñasco que el poderoso héroe Roldán partió con su espada por medio, de arriba a bajo, de tres golpes. Viene luego Roncesvalles, lugar en que en otro tiempo se libro la gran batalla en la cual el rey Marsilio, Roldán y Oliveros y otros ciento cuarenta mil guerreros cristianos y sarracenos fueron muertos."
"Tras este valle se encuentra la tierra de los navarros, rica en pan, vino, leche y ganados. Navarros y vascos son muy semejantes en cuanto a comidas, trajes, y lengua, pero los vascos son algo más blancos de rostro que los navarros. Estos se visten con paños negros y cortos hasta las rodillas solamente, a la manera de los escoceses, y usan un calzado que llaman albarcas, hechas de cuero con pelo, sin curtir, atadas al pie con correas, que sólo resguardan la planta del pie, dejando desnudo el resto. Gastan unos capotes de lana negra, largos hasta los codos y orlados a la manera de una paenula, que llaman sayas. Comen, beben y visten puercamente. Pues toda la familia de una casa navarra, tanto el siervo como el señor, lo mismo la sierva que la señora, suelen comer todo el alimento mezclado al mismo tiempo en una sola cazuela, no con cuchara, sino con las propias manos, y beben todos del mismo jarro. Si los vieras comer, los tomarías por perros o cerdos comiendo. Y oyéndoles hablar, te recuerdan los ladridos de los perros, pues su lengua es completamente bárbara. A Dios le llaman urcia; a la Madre de Dios, andrea María; al pan, orgui; al vino, ardum; a la carne, aragui; al pescado, araign; a la casa, echea; al dueño de la casa, iaona; a la señora, andrea; a la iglesia, elicera; al presbítero, belaterra, lo que quiere decir bella tierra; al trigo, gari; al agua, uric; al rey, ereguia; a Santiago, iaona domne Iacue."
"Este es pueblo bárbaro, distinto de todos los demás en sus costumbres y naturaleza, colmado de maldades, oscuros de color, de aspecto innoble, malvado, perverso, pérfido, desleal y falso, lujurioso, borracho, agresivo, feroz y salvaje, duchos en toda suerte de violencias, silvestre, réprobo, impío y rudo, cruel y pendenciero, desprovisto de cualquier virtud y enseñado en todos los vicios e iniquidades; parejo en maldad a los getas y los sarracenos, y enemigo frontal de nuestra nación gala. Por un sólo dinero, un navarro o un vasco mata si puede, a un francés. En algunas de sus comarcas, sobre todo en Vizcaya y Álava, los navarros mientras se calientan, se muestran mutuamente sus vergüenzas, el hombre a la mujer y la mujer al hombre. También usan los navarros de las bestias en impuros ayuntamientos, fornican incestuosamente al ganado. Pues se dice que el navarro cuelga un candado en las ancas de su mula y de su yegua, para que no las pueda acceder más que él mismo. Además, da lujuriosos besos a la vulva de su mujer y de su mula. Por todo ello, los navarros han de ser censurados por todos los discretos. Sin embargo, se les considera valientes en el campo de batalla, esforzados en el asalto de castillos, cumplidores en el pago de diezmos, y asiduos en las ofrendas a los altares. Pues cada día al ir los navarros a la iglesia, hace una ofrenda a Dios, o de pan, vino o trigo, o de algún otro producto. Siempre que un navarro o un vasco va de camino se cuelga del cuello un cuerno como los cazadores, y acostumbra a llevar dos o tres jabalinas, que ellos llaman azconas. Y cuando entra o sale de casa, silba como un milano. Y cuando estando escondido en lugares apartados o solitarios para robar o asaltar a una presa, desea llamar sigilosamente a sus compañeros, o canta como el búho, o aúlla igual que un lobo."
"Suele decirse que descienden del linaje de los escoceses, por la semejanza a ellos en sus costumbres y aspecto. Es fama que Julio César envió a España, para someter a los españoles, porque no querían pagarles tributo, a tres pueblos, a saber: a los nubios, los escoceses y los "caudados" cornubianos, ordenándoles que pasasen a cuchillo a todos los varones respetando la vida sólo a las mujeres. Y habiendo ellos invadido por mar aquella tierra, tras destruir sus naves, la devastaron a sangre y fuego desde Barcelona a Zaragoza, y desde la ciudad de Bayona hasta Montes de Oca. No pudieron traspasar estos límites, porque los castellanos unidos los arrojaron de sus territorios combatiéndolos. En su retirada huyeron hasta los montes costeros que hay entre Nájera, Pamplona y Bayona, es decir, en dirección al mar, hacia la costa en tierras de Vizcaya y Álava, donde se establecieron levantando numerosas fortificaciones y dieron muerte a todos los varones a cuyas mujeres arrebataron, y en las que engendraron hijos que después fueron llamados navarros por sus sucesores. Por lo que navarro se traduce non verus, no verdadero, es decir, engendrado de estirpe no verdadera o de prosapia no legítima. Dícese también que los navarros tomaron su nombre primitivamente de una ciudad llamada Naddaver, situada en la región de la que procedían; ciudad convertida al Señor en los primeros tiempos, por la predicación de San Mateo, apóstol y evangelista."

2 comentarios:

  1. Sin duda, uno de los textos más divertidos de toda la literatura medieval. No deja de ser curioso cómo el buen hombre, en el momento en que sale de su tierra empieza a echar pestes de los lugares que visita y de sus habitantes, y cómo su cabreo crece a medida que se acerca a España. De hecho, a los vascos -es decir, los vascofranceses- no los pone tan mal como a los navarros, en los que incluye a los vascongados.
    Y tampoco tiene desperdicio lo que dice de los gallegos.

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  2. Lógicamente no pone mal a los vascones de lo que ahora es la parte francesa, porque los tenian invadidos y dominados, cosa que no era así con los vascones de lo que era el Reino de Navarra, tambien llamados nabarros. Por eso las pestes que echaban los francos. Estaban tambien muy dolidos, los vascones, del sur de los pirineos, derrotaron por dos veces a las tropas francas, primero a Carlomagno, y despues al hijo de Carlomagno. A raíz de ahí los vascones del sur de los pirineos se unificaron bajor el Reino de Pamplona, y siglos mas tarde, con Sancho VI el Sabio pasó a ser el Reino de Nabarra, aunque años antes, como dice el tío este del Códice, ya se empezaba a llamar a los vascones de la actual Navarra, Guipuzkoa, Bizkaia, Alava, La Rioja , etc, hasta Castrourdiales por un lado y alto Aragón hacia el otro lado, nabarros..

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