Los vascos avalan el proyecto de la banda terrorista ETA para estar presente en el Gobierno autónomo y lo convierten en la segunda fuerza más votada de Euskadi

"Otra victoria de ETA"
Raúl González Zorrilla


A lo largo de los últimos años han sido muchos los dirigentes de la banda terrorista ETA que han especulado con la idea de cómo sería su ascenso al poder de las instituciones vascas. Los investigadores policiales cuentan, incluso, con una amplia documentación en la que los criminales aventuraban complejos escenarios, dibujaban procelosos recorridos y diseñaban hojas de ruta más o menos viables que apenas parecían tener algún sentido. Hoy sabemos que todas esas ensoñaciones de los asesinos siempre habían fallado en una cosa: ni ellos mismos llegaron a creer nunca el alto grado de estima, la simpatía, la comprensión y el acomodo con que contaban en una parte siempre demasiado importante de la sociedad vasca.
Ayer, uno de cada cuatro vascos votó a favor de un candidato de EH Bildu, el proyecto político nacido de y tutelado por la banda terrorista ETA para liderar el Gobierno autónomo y, de hecho, esta fuerza, la segunda de Euskadi en número de apoyos, disputa, en expansión, amplitud e intensidad, el liderazgo político de la comunidad al PNV de Iñigo Urkullu, que ve como su perenne primacía es ya cosa de tiempos pasados y que desde ya tendrá que tomar serias decisiones para encarar la rivalidad de los hijos pródigos que regresan envalentonados a la casa del padre.
Cincuenta años de barbarie nacionalterrorista han abocado a los vascos a las puertas de un oscuro y a veces indescriptible abismo moral. Y es que cuando uno de cada cuatro ciudadanos apoya libremente a un proyecto ideológicamente totalitario, éticamente indecente, políticamente irracional y socio-culturalmente extremista como el de Bildu, es que algo falla, que algo se encuentra moralmente enfermado y tumefacto en el corazón de esta Euskadi convulsa y extrañamente caótica de comienzos del siglo XXI. Otorgando 21 escaños a las huestes de Mintegi, más de 275.000 vascos han dicho alto y claro que desean que se cumplan los planes que ETA siempre tuvo para gobernar esta región, que quieren que los terroristas de ayer se conviertan en los líderes de nuestro futuro y que buscan que, definitivamente, los “nuevos tiempos” que a decir de algunos vivimos vengan marcados por el sello de infamia y la atrocidad.
Los resultados de las elecciones autonómicas celebradas ayer en el País Vasco no solamente hablan de una sociedad que desea pasar página a cualquier precio, sino que ponen al descubierto un tejido comunitario purulento en el que lo malo no es la querencia de muchos al olvido, a la desmemoria, a la equiparación entre víctimas y verdugos o a la búsqueda de la máxima impunidad para los terroristas. Lo peor de todo es que demasiados de los hombres y mujeres que cotidiana, anónima y orgullosamente se pasean por las calles de Euskadi han gritado a los cuatro vientos que quieren para sus descendientes una sociedad de futuro liderada por dirigentes del PNV que, en privado, reconocen que nada o muy poco hicieron cuando tanto había que hacer contra ETA y, por otro lado, por quienes, directamente, han jaleado, celebrado, aprobado y alentado todos y cada unos de los crímenes terroristas.
Una amplia mayoría de los ciudadanos vascos, embadurnada de un espíritu tan frívolo como acomodaticio y tan contemporizador como desinteresado de la defensa del sistema democrático y de las libertades individuales, parece despreciar por decrépitos y obsoletos los principales modelos éticos, políticos, económicos y culturales sobre los que se levantan nuestras sociedades. Y, como consecuencia de ello, es tal su ignorancia, su desconcierto, su miedo a la crisis global y su carencia de recursos intelectuales ante los nuevos retos que nos rodean, que lo único que estos muchos patriotas de pancarta y salón son capaces de reconocer como válidos son esos engendros ideológicos, modelo Bildu, que mezclen a partes iguales elevadas dosis de soberanismo mitificado, ecotalibanismo, manipulación histórica, trasnochado patriotismo y radicalidad piquetera. ¿Y que resulta de todo esto? Un territorio infame e indócil a la aplicación de las leyes democráticas,  renuente a la convivencia, impenetrable a la civilidad democrática, indócil al juego institucional, permanentemente asomado a la barbarie y constantemente impermeable a cualquier atisbo de progreso, bienestar y desarrollo. ¿Qué sociedad miserable tendrán nuestros hijos mañana, cuando hoy tantos de entre nosotros apuestan por la llamada sentimental de la tribu, por la atracción atávica hacia la aldea y por los lazos férreos labrados sobre regueros de sangre inocente?

3 comentarios:

  1. Genial el articulo y totalmente de acuerdo. Esto es un pais indecente eticamente y nada bueno será en el futuro...y si no, al tiempo.
    La falta de firmeza democrática del PSOE y PP nos ha llevado a tener a los etarras en las instituciones.

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  2. Una precisión. Quienes han votado a EH Bildu son 1 de cada 6 vascos. 1.441.707 vascos no hemos votado a EH Bildu: o bien votamos a otros partidos o bien se quedaron en casa.

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  3. Brillante descripción de la enfermedad mental que afecta a buena parte de la sociedad vasca (el nacionalismo).

    Pero no olvidemos que bajo la soberanía del pueblo español los nacionalistas (todos) no pasan del 8%. Por tanto los culpables de esta terrible situación son el duopolio de los mal llamados partidos nacionales, PP y PSOE, que para seguir con su despilfarro y su corrupción han permitido la exaltación de los nacionalistas.

    El Capitán Trueno desde twitter

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