El 20 de diciembre de 1992, y bajo el liderazgo de Jonan Fernández, un concejal de Herri Batasuna en Tolosa, nacía Elkarri... Esta es su historia

Elkarri-Lokarri 1992/2012

Jonan Fernández, fundador de Elkarri
EIG. Redacción. Eíbar.
Elkarri-Lokarri cumplió el pasado jueves 20 años teorizando sobre el mito del “conflicto vasco”, situando a las víctimas del terrorismo a los pies de sus verdugos, exigiendo al Gobierno democrático español que negocie con ETA de “igual a igual” y orquestando todo tipo de iniciativas, siempre bien engrasadas con dinero público, para imponer la idea tan irreal como obscena de que, tras lo padecido en Euskadi durante las últimas décadas, ahora es necesario “pasar página” y “ceder desde todas las partes” para alcanzar una “reconciliación” en la que no haya “ni vencedores ni vencidos”.
Desde su fundación el 20 de diciembre de 1992, la organización que hoy lidera Paul Ríos presenta un perfil político muy concreto - marcadamente nacionalista – y, como evolución directa de la Elkarri que hace veinte años diseñaron Jonan Fernández y Víctor Aierdi, tiene sus orígenes en uno de los momentos más oscuros y perversos de la reciente historia vasca: la construcción de la autovía de Leizarán que une San Sebastián y Pamplona, cuyo actual trazado, denominado “San Lorenzo”, fue aprobado y autorizado por ETA, convirtiendo a esta vía de comunicación en la única carretera de Europa, y quizás del mundo, diseñada, en gran medida, por una organización terrorista.
Los primeros diseños de la actual Autopista de Navarra (AP-15), que convirtió en un trayecto de apenas unos minutos el viaje entre San Sebastián y Pamplona que entonces exigía casi dos horas de conducción por vías abruptas y peligrosas, comenzaron a dibujarse en 1985. Apenas unos meses después, un desconocido concejal de Herri Batasuna (antecesora de Batasuna) en la localidad guipuzcoana de Tolosa, ponía en marcha la Coordinadora Lurraldea, una organización presuntamente ecologista que denunciaba el primer trazado de la autovía “por lo daños medioambientales que podía ocasionar” y que abogaba por variar el discurrir de la misma por “los perjuicios irreparables que iba a provocar en el entorno natural”.
Esta movilizadora iniciativa “verde”, que había nacido con la simpatía y el asentimiento del entorno HB-ETA, fue rápidamente canivalizada en su totalidad por la organización criminal, que al instante comenzó una aberrante, feroz y despiadada campaña de atentados contra las empresas y las entidades bancarias vinculadas a la construcción de la autovía. A lo largo de varios meses, los asesinos, acompañados políticamente por la Coordinadora Lurraldea y HB, cometieron casi doscientos atentados que provocaron daños económicos por valor de 1.500 millones de las antiguas pesetas (10 millones de euros). ETA asesinó a tres personas en esta brutal oleada de ataques, entre ellas, a José Edmundo Casal, delegado de Ferrovial en Valencia, y a dos guardias civiles. Además, los terroristas enviaron decenas de cartas bomba a técnicos, empresarios y cargos públicos.
Herri Batasuna celebra "su" autovía
A finales de los años ochenta, ETA, Herri Batasuna y la Coordinadora Lurraldea de Jonan Fernández habían puesto en marcha, en comandita, una presión tan cruenta y asfixiante contra la construcción de la autovía que, en 1991, las empresas constructoras se echaron atrás, abandonaron los trabajos y la Diputación guipuzcoana se vio obligada a rescindir el contrato de adjudicación del tramo de la carretera que pasaba por este territorio. Ese mismo año, Imanol Murua y su diputado foral de transportes, Julen Goikoetxea, mantuvieron el mejor proyecto técnico, sin ceder a los chantajes ni tampoco a las presiones de algunos funcionarios, hasta el último momento del mandato foral, buscando y consiguiendo una nueva adjudicación de obras, que tras una operación fallida en París con empresas francesas tras largas negociaciones, se hizo a la empresa Ramos Hidalgo, luego quebrada. Todo ello, después de que los empresarios vascos renunciaran tras una "amable" charla con HB.
Todo resultó infructuoso hasta que, en 1992, el PNV, que meses antes había llegado nuevamente a la presidencia de la institución foral de Guipúzcoa liderado por Eli Galdós, negoció un nuevo diseño, denominado “San Lorenzo”, que es el actualmente existente y que fue directamente aprobado por la organización terrorista. Tanto fue así que, en el mismo momento en el que el Diputado General de Guipúzcoa anunciaba públicamente el nuevo acuerdo viario, dirigentes de Herri Batasuna como José Luis Elkoro y José María Olarra, brindaban públicamente con cava para demostrar a los medios de comunicación y a la sociedad vasca quiénes, de verdad, habían diseñado la infraestructura.
Nace Elkarri
En 1986 había nacido Gesto por la Paz de Euskal Herria que, durante los últimos años ochenta y primeros noventa del pasado siglo, impulsaría, por primera vez en la reciente historia del País Vasco, un importante movimiento social contra la violencia terrorista ETA. El auge de esta organización, y de otras similares que estaban surgiendo en las tres capitales vascas, preocupaba al dúo ETA-Herri Batasuna, que ha tenido siempre como objetivo principal controlar obsesivamente los más diversos ámbitos de actividad de la sociedad vasca, desde los movimientos juveniles a los equipos deportivos, pasando por el mundo laboral, los espacios universitarios, el sector económico o las más diversas actividades locales.
En este sentido, la iniciativa pacifista puesta en marcha por Gesto por la Paz enfrentó a ETA-Herri Batasuna, por primera vez en mucho tiempo, a una realidad que se le escapaba de las manos: la de los movimientos sociales. Este desasosiego de los radicales violentos se vería rápidamente mitigado gracias a una nueva iniciativa de Jonan Fernández, el líder de la Coordinadora Lurraldea que, en aquellos momentos, y tras los excelentes servicios prestados a los terroristas al conseguir que éstos impusieron el trazado viario de la AP-15, poseía influencia, prestigio y reconocimiento en el entorno de los asesinos.
Según documentos de la banda terrorista intervenidos por las fuerzas de seguridad a los que ha tenido acceso Euskadi Información Global,  Jonan Fernández presentó ante ETA-Herri Batasuna el diseño primal de Elkarri como una organización que habría de ser la aportación del nacionalismo radical a los movimientos sociales que estaban surgiendo en Euskadi en aquel momento y que habría de trabajar para contrapesar los planteamientos ideológicos que realizaban organizaciones como Gesto por la Paz o Denon Artean (“Paz y Reconciliación”). ETA-Batasuna dieron su visto bueno a la aparición de Elkarri, sobre todo cuando supieron que el principal objetivo que se había planteado esta organización era “contribuir a que las opiniones sociales mayoritarias y partidarias de una solución dialogada constituyesen una fuerza determinante para lograr la paz.”.
Para el diseño, el desarrollo, la puesta en marcha y la progresiva implantación de Elkarri, Jonan Fernández contó con la inestimable ayuda, entre otros, de Juan Gutiérrez, entonces máximo responsable de la fundación pacifista y nacionalista Gernika Gogoratuz (inaugurada el 6 de noviembre de 1987) y que era ya por aquel entonces una persona que contaba con una larga agenda de contactos políticos, sociales y culturales, tanto en el País Vasco como en el resto de España.
Elkarri, fundado oficialmente en 1992, centró sus primeros años de actividad en buscar argumentos que transmitieran gráficamente su idea de que en el País Vasco existe un conflicto entre dos partes enfrentadas y que de este choque solamente podía salirse a través de un proceso de negociación y diálogo entre ETA y el Gobierno. De hecho, Elkarri desarrolló varios conceptos para transmitir este mensaje: la idea del “empate infinito” (1995) trataba de evidenciar la poca utilidad contra ETA que, según su criterio, tenían las distintas estrategias de fuerza o imposición; el “tercer espacio” (1996) fue un término acuñado por Elkarri para, poniendo en un mismo plano de legitimidad a víctimas y verdugos, describir la existencia, en su opinión, de un espacio social mayoritario, que “ni aceptaba la violencia ni compartía el inmovilismo”; la propuesta Izan (1997), fue una iniciativa sobre la Adicional Primera de la Constitución y los Derechos Históricos que, en opinión de la coordinadora dirigida entonces por Jonan Fernández, demostraba que existían vías compartibles y transitables para “encontrar una salida” política a la violencia terrorista y a las amenazas proetarras.
Con este bagaje teórico, Elkarri puso en marcha dos tan pomposas como fracasadas “Conferencias de Paz” que únicamente tenían un único fin: conseguir instaurar colectivamente la idea de que era necesario dialogar con los terroristas, que la solución al “conflicto vasco” pasaba indefectiblemente por pactar con los criminales y que en Euskadi existe “un problema político” que es previo al problema terrorista.
Viraje hacia el PNV
La consolidación de Elkarri como un movimiento ciudadano cada vez con más influencia tuvo lugar en el tiempo paralelamente a la aprobación por parte de ETA-Herri Batasuna de lo que se conoció como la “ponencia Oldartzen” (1994), un programa aberrante de actuaciones terroristas que tenía como único objetivo doblegar al Estado democrático para que éste negociara con los criminales y que apostó, sin ambages, por asesinar a políticos, por ampliar la amenaza a los medios de comunicación y por, siguiendo modelos de actuación marcadamente totalitarios, “extender el sufrimiento a toda la sociedad vasca”. Como consecuencia de ese planteamiento, durante los años noventa del pasado siglo la banda terrorista ETA cometió algunos de sus atentados más sanguinarios, incluyendo el secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco, e incrementando las actuaciones de terror callejero hasta límites difíciles de soportar.
Ante esta situación, y ante la necesidad de desmarcarse de ETA-Herri Batasuna, Elkarri vuelve sus ojos al mundo nacionalista tradicional, representado entonces por el PNV y EA, fundamentalmente, donde su condena genérica de “todas las violencias” y su ética blanda tendente a denunciar los crímenes mientras se comprendía a los verdugos, encajaba a la perfección. Según ha podido comprobar Euskadi Información Global en la documentación policial antes citada, este progresivo acercamiento de Elkarri al PNV no gustó nada en la banda terrorista ETA que, de hecho, marcó a Jonan Fernández como "objetivo" contra el que atentar durante los últimos años noventa. Pero la habilidad del concejal de HB en Tolosa para modelar el rumbo de Elkarri hacia el nacionalismo institucional fue bien recompensada por Juan José Ibarretxe (PNV), tras su llegada a Ajuria Enea en 1998. Fernández se convirtió en uno de los asesores de cabecera del lehendakari ultranacionalista y, durante los más de diez años que éste se mantuvo en el poder, Elkarri recibió subvenciones y ayudas que superan los 6 millones de euros para, fundamentalmente, seguir haciendo lo que había hecho desde sus orígenes: reiterar tanto como fuera posible una mentira que, a fuerza de ser muchas veces escuchada, terminara convirtiéndose en algo parecido a una verdad o, lo que es lo mismo, conseguir que los ciudadanos vasco se creyeran que el gran problema de Euskadi es el enfrentamiento eterno e infinito entre dos extremos igualmente repudibales: ETA y el Estado español.
Lokarri
Logrado este objetivo, Elkarri decidió en su VIII y última asamblea general promover la creación de una nueva organización social, adaptada a la nueva situación y a nuevos retos. En 2003, la coordinadora liderada por Jonan Fernández consideró que ya “había preparado” a la sociedad vasca para el camino hacia paz, es decir, que ya había instaurado en el cuerpo social unas ideas básicas para afrontar “el proceso” que, en su opinión, estaba a punto de llegar y que José Luis Rodríguez Zapatero habría de poner en marcha unos meses más tarde, en 2004, emprendiendo, de una forma escandalosa, demencial y espuria, una negociación directa con la banda terrorista ETA que habría de finalizar con el atentado de la T-4 de Barajas, que tuvo lugar el 30 de diciembre de 2006.
Mientras Jonan Fernández se marchaba a Arantzazu a poner en marcha un nuevo Centro por la Paz y de Elaboración ética de conflictos llamado Baketik, donde se dedica, entre otras cosas, a publicarse sus propios libros con dinero público y a implementar programas de inteligencia emocional dirigidos a la reconciliación entre víctimas y verdugos, Elkarri se convertía en Lokarri, una red ciudadana por el Acuerdo, la Consulta y la Reconciliación, cuya coordinación quedaba en manos de Paul Ríos.
Bajo la dirección de Paul Rios, Lokarri ha acentuado más aún si cabe su perfil nacionalista y se ha centrado en desarrollar un presunto “proceso de paz” entre el Gobierno y ETA, actores protagonistas del “conflicto vasco” que, como en opinión de esta organización poseen idénticas legitimidades, necesitan de “mediadores” para acercar posturas.
Bajo este prisma, y desde hace varios años, Lokarri ha puesto toda su maquinaría en marcha con el objetivo de promover este planteamiento de una forma muy activa a través de los medios de comunicación y, muy especialmente, mediante Internet y las nuevas tecnologías de la información. Además, Paul Ríos se ha convertido en una de las personas más consultadas desde los más diversos sectores cuando se trata de “conocer” por dónde respira la banda terrorista ETA y, sobre todo, cuando se necesita saber qué es lo que desean los criminales para dejar de hacer lo único que saben hacer: asesinar.
El Grupo de Contacto Internacional promovido por Lokarri y liderado por un “facilitador” como Brian Currin, partiendo siempre de esa aberración ideológica que equipara la legitimidad ética del Estado democrático español con la de la banda terrorista ETA, trabaja en este campo, con la sensación, cada más cierta, de que su labor ridícula e inoperante ya no engaña ni a los más próximos, a pesar de su rimbombante “Conferencia de Aiete”. Por una sencilla razón: todo lo que Elkarri y Lokarri han defendido a lo largo de casi veinte años de historia para poner fin de ETA ha sido un fracaso que solamente ha servido para alimentar ideológicamente al nacionalismo más radical, obtuso y reaccionario.
Y es que hoy sabemos que, echando por tierra las pintureras teorías del “tercer espacio” y del “empate infinito” bien publicitadas por Elkarri-Lokarri, solamente tres cosas han puesto a los criminales contra las cuerdas hasta llevarlos a su declaración de cese definitivo de la violencia: la presión policial, la eficacia judicial y la ilegalización política.
Es decir, todo lo contrario de lo que Jonan Fernández y Paul Ríos han venido pregonando durante veinte años.

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