(...) "El problema aparece en el momento en el que algunos fieles musulmanes, cuando viven y trabajan en Europa, quieren imponer exigencias propias de su fe al resto de los ciudadanos" (...)

Una reflexión tras los atentados islamistas de Bostón, Londres y París
EIG. Raúl González Zorrilla. En demasiadas ocasiones escuchamos a políticos, intelectuales y personalidades destacadas de la vida política, social y cultural europea señalar que algunas de las críticas que se están haciendo al islam son exageradas, provocadoras y fuera de tono, y que es necesario mantener con esta religión el mismo trato que en la mayor parte de los países de la Unión Europea se mantiene con otras creencias religiosas, especialmente, por su expansión, con el catolicismo.
En este sentido, algunos pensamos, por el contrario, que la religión islámica debe ser sometida a férreos análisis y que, además, las instituciones democráticas occidentales han de prestar una atención estricta y sin concesiones al hecho de que quienes profesen esta creencia espiritual no socaven, en su ejercicio cotidiano, pilares fundamentales de nuestro sistema de libertades.
Ningún ciudadano europeo cuestiona a un musulmán, simplemente, por creer en otro Dios, por escuchar a otro profeta o por atender a otros códigos religiosos sino que el problema aparece en el momento en el que algunos fieles musulmanes, cuando viven y trabajan en Europa, quieren imponer algunas exigencias propias de su fe particular (básicamente machistas, intolerantes, fanáticas y profundamente agresivas con respecto a las mujeres, pero también en relación con otros grupos sociales) al resto de los ciudadanos e, incluso, a los ordenamientos jurídicos de los países que les han acogido.
Ciertamente, y como señalábamos al principio, no faltan iluminados en Europa que, en base a un falso progresismo, a una torticera interpretación del multiculturalismo y a un perverso relativismo ideológico que, al final, siempre acaba confundiendo la tolerancia con la injusticia y la libertad de credo con el integrismo, defienden que el islam pueda expandirse sin control por Europa. Pero quienes abogan por el máximo respeto a las creencias de los demás, especialmente cuando los demás son musulmanes, no cuando se trata de cristianos o judíos, han de entender que quienes señalamos que lo que está en juego actualmente es la supervivencia de la civilización occidental, y de los valores esenciales de ésta, frente a los continuos ataques liberticidas, sectarios y fanáticos del islamismo más radical, solamente estamos advirtiendo de algo que los islamistas más grotescos y obtusos ya tienen asumido como su principal objetivo: la destrucción de nuestro “pecaminoso” sistema de convivencia.
Un ejemplo de esto que señalamos. El pensamiento del islamista Mohamed Bouyeri, que el 2 de noviembre de 2004 asesinó en una calle del centro de Amsterdam al cineasta y agitador cultural Theo Van Gogh, fue analizado por un experto en el islam, que posteriormente envió su preceptivo informe al Tribunal que al final condenaría al criminal a cadena perpetua. Según cuenta el escritor Ian Buruma en su excelente libro “Asesinato en Amsterdam” (Ed. Debate, 2007), Ruud Peters, que así se llamaba el profesor encargado de analizar para los jueces las referencias ideológicas del asesino tomando en cuenta las cartas, las reflexiones y las anotaciones dejadas por éste, explicó en su informe que Mohamed Bouyeri había comenzado por rechazar los valores occidentales. La siguiente etapa fue su rechazo al Estado democrático y a las instituciones legales de éste. Más tarde, explica el profesor Peters, Bouyeri hizo un llamamiento a la “yihad global” en contra de la democracia. Finalmente, el criminal abogó por la violencia frente a aquellos individuos que hubieran insultado al islam o al profeta. Unos meses más tarde, Mohamed Bouyeri, un joven de 27 años nacido, criado y educado en Holanda, asesinó a Theo Van Gogh descerrajándole siete disparos y, posteriormente, degollándolo en medio de una calle de Amsterdam. En el juicio, Bouyeri anunció ante el Tribunal que estudiaba su caso que no se arrepentía de nada de lo que había hecho y que, si era puesto en libertad, volvería a hacer lo mismo. ¿Cuántos Mohamed Bouyeri se agazapan hoy en Europa y en Estados Unidos?

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