"Los guipuzcoanos han de decidir y tomar postura sobre si realmente quieren salvar a las empresas o hundirlas"

Dramático llamamiento de los empresarios guipuzcoanos
Larraitz Ugarte, portavoz de la Diputación de Guipúzcoa
El PIB de Gipuzkoa retrocede más que el de Euskadi y España, no cesa la destrucción de empresas y persiste el deterioro del empleo. La disminución de las ventas se intensifica como consecuencia de la evolución de las exportaciones y retrocede un -4,3%. Entre enero y marzo las exportaciones disminuyen un -12,0% respecto al mismo periodo del año pasado, cuando acumulaban un crecimiento del +12,3%.
La disminución del nivel de pedidos también se acelera y alcanza el -5% de media. Para casi el 70% de las empresas la cartera de pedidos es débil. Importante retroceso de la confianza empresarial hasta niveles no registrados desde la primera fase de la crisis. Para el 63% de las empresas guipuzcoanas, el mercado se encuentra en recesión. Persiste la destrucción de tejido productivo, con una pérdida neta de 233 empresas entre diciembre del año pasado y abril de este año. Esto supone un aumento del +8,4% respecto al año pasado, año en el que se exacerbaba la destrucción de empresas. Desde el máximo de 22.116 empresas cotizantes alcanzado en mayo de 2008, se han perdido un total de 2.193 empresas en Gipuzkoa, es decir, el 10% de las que había entonces. Se mantiene el ritmo de destrucción de empleo mientras que el ritmo de creación de empleo, lastrado por la incertidumbre, disminuye significativamente.
Este es el dramático balance que Adegi, la patronal guipuzcoana, realiza de la economía del territorio. "Creemos que ya ha llegado el momento de que los trabajadores y sus familias elijan si salvamos a las empresas o les damos la puntilla y las hundimos".
El presidente de la asociación de empresarios guipuzcoanos, Adegi, Pello Guibelalde, reitera ayer que la situación de las compañías del territorio tras seis años de "dura crisis" es "crítica" y asegura que "no vamos a poder soportar las empresas el séptimo, octavo o noveno año de la crisis", salvo que se adopten medidas para lograr un "ecosistema" que favorezca a la actividad económica, incluidas las "relaciones laborales" y la fiscalidad. "Los guipuzcoanos han de decidir y tomar postura sobre si realmente quieren salvar a las empresas o hundirlas".
"Con un mercado interno deprimido, los principales mercados europeos en recesión, los países emergentes que no tiran como antes, muchas empresas tienen ya y tendrán en el futuro serios problemas para su supervivencia", añadió el presidente de Adegi, quien, además, explicó que para que las compañías guipuzcoanas sean competitivas, puedan sobrevivir y mantener el empleo, antes "habrá que tomar medidas que no son cómodas para muchos", ya que las empresas del territorio tienen "un serio problema de competitividad" y recuperarla ahora mediante "el aumento de la productividad y contención de costes laborales va a ser duro y lo haremos mejor si lo hacemos conjuntamente, pero es la única vía para mantener el empleo".
Un diputado piquetero (*)
El diputado general de Guipúzcoa, el bildutarra Martin Garitano, formó parte destacada hace unos días de una manifestación celebrada en San Sebastián para pedir “la paralización de todas las grandes infraestructuras”. Ciertamente, la participación del ex periodista filoetarra en un acto de estas características no llama demasiado la atención cuando, desde la institución que dirige, y en apenas unos meses, se ha detenido de un plumazo el desarrollo de todos los proyectos estratégicos claves para el desarrollo del territorio más pequeño del País Vasco.
Martin Garitano y sus secuaces se dedican a descuartizar el futuro de nuestros hijos alimentándose de una extraña bazofia intelectual que mezcla proterrorismo militante, ecofascismo, totalitarismo identitario, integrismo ideológico, fanatismo político, acientificismo, maquinismo e irracionalidad, y que, en el fondo, lo que demuestra es un odio visceral a nuestro sistema de libertades y a los valores éticos que conforman las sociedades occidentales. Y lo hacen sometiendo al territorio guipuzcoano a un proceso catastrófico de licuefacción de las leyes y de los organismos de representación que ataca directamente a lo que, en las regiones democráticamente más avanzadas del mundo, es la esencia más elemental de la convivencia: la presunción de la civilidad colectiva, la predecibilidad de los comportamientos sociales y la perdurabilidad de las instituciones.
Un territorio sólido e integrado, en el que los organismos de poder democrático mantienen su firmeza, en el que los códigos se cumplen y en el que los principales actores que gestionan la vida pública actúan según se espera de ellos, proporciona a los ciudadanos plena garantía en la protección de sus derechos, máxima confianza en sus construcciones políticas y una elevada seguridad individual levantada sobre la más absoluta previsibilidad del funcionamiento del cuerpo social.
Y es que la superioridad de nuestro diseño convivencial se asienta, fundamentalmente, en el hecho de que los hombres y las mujeres que lo conforman, cuando salen todos los días de su casa, saben que su quehacer cotidiano va a estar amparado sobre un puñado de certezas elementales como, por ejemplo, que los delincuentes han de ser detenidos y puestos a disposición de las fuerzas de seguridad, que la violencia nunca ha de legitimarse como un método de participación social, que un mismo idioma ha de servir para comunicarse en el territorio común del Estado, que el derecho a una educación pública en condiciones no puede depender de los caprichos legislativos de cada autonomía o que la construcción de las grandes infraestructuras no puede estar sujeta al albur de las decisiones de un puñado indecente de grupúsculos radicales y extremistas. Que, en definitiva, el diputado general no puede lanzar vítores a los etarras, que no es posible que el máximo representante de un territorio actúe como un vulgar y obsceno piquetero de las instituciones que representa y que no se puede pretender gobernar nada cuestionando grosera y permanentemente todo aquello que permite que los ciudadanos se desarrollen, civilizadamente, como tales.
Los gobiernos locales de Bildu, con el Ejecutivo de Martín Garitano a la cabeza, han superado los recelos más pesimistas de los demócratas de este país y están sumiendo los territorios que controlan en un desierto de tierras movedizas, aberrantes y caóticas. Martin Garitano y su corte de filoetarras con despacho público, al intentar plegar su agenda a las demandas incongruentes de los terroristas, de los amigos de los terroristas, de los independentistas más ariscos, de la eco-izquierda más obtusa y de los sectores sociales más radicales y populistas, ha roto unilateral, irresponsable e indecentemente con todos los principios sobre los que se ha asentado la modernidad y el progreso occidental a lo largo de los últimos siglos y nos está abocando a padecer una realidad hedionda en la que los delincuentes son alabados como líderes del futuro, en la que los demócratas son expulsados al gueto misterioso de la derecha extrema y en la que, en el colmo de las vilezas, las víctimas del terrorismo son consideradas como peligrosos elementos de intolerancia y crispación.

(*) Artículo recogido del libro "Territorio Bildu", de Raúl González Zorrilla (Editorial Naves en Llamas, 2013)

1 comentario:

  1. Ya tiene "mérito" que disminuyan las exportaciones nada menos que un 12 % cuando a nivel nacional no han hecho más que aumentar. Es decir, "hecho diferencial" vasco y no hay que olvidar que en materia de industria el Gobierno Vasco y la Diputación de Guipúzcoa tiene una capacidad de organización enorme, la mayor de todas las autonomías.

    ResponderEliminar

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...