"Nuestra tarea más urgente consiste en recordar que nuestro sistema de libertades es infinitamente superior a los planteamientos totalitarios de los terroristas y de los cómplices de éstos"

Intervención de Raúl González Zorrilla, en el Campus Faes 2013
Crónica general de la sesión. Vídeos del resto de los intervinientes



"Yo quisiera reflexionar, más que sobre la preservación de la memoria, sobre la idea de la derrota del terrorismo, ya que pienso que el terrorismo de ETA-Batasuna no solamente no ha sido derrotado, sino que, en muchos aspectos, nos ha vencido.
El fenómeno terrorista es un poliedro que tiene muchas caras, y todas ellas despreciables. En este sentido, podemos considerar que la banda terrorista ETA, gracias a la actividad ejemplar de las fuerzas de seguridad, está prácticamente derrotada en lo que hace referencia a su actividad violenta y criminal.
Pero, por el contrario, yo creo que el dúo ETA-Batasuna ha triunfado, o está en camino de hacerlo, en la batalla ideológica, en diferentes ámbitos políticos, en el establecimiento de referentes culturales y en la hegemonía social. Y también, y sobre todo, en la implantación de una lectura y una interpretación de lo sucedido en las últimas décadas en el País Vasco que no tiene nada que ver con la realidad y que solamente responde a las necesidades y a las exigencias del ideario totalitario sobre el que se construye el movimiento nacionalterrorista.
Un ejemplo de esta victoria parcial, pero histórica, del dúo ETA-Batasuna es el territorio de Guipúzcoa, donde, actualmente, Bildu, un proyecto político cuyo nacimiento fue alentado y tutelado directamente por la banda terrorista ETA, controla la Diputación Foral, el Ayuntamiento de San Sebastián y algunas de las principales localidades de la provincia. Por esto, en Guipúzcoa es imposible reflexionar sobre el pasado terrorista, porque bastante ocupados estamos con sobrevivir a un presente dictado y gestionado por un puñado de etarras con mando en plaza.
Guipúzcoa es hoy el ejemplo más significativo de que el terrorismo de ETA-Batasuna no ha sido derrotado y de que, en determinadas zonas del País Vasco, tras cinco décadas de actividad criminal, se ha impuesto un “estilo Bildu” de convivencia que es el que impone una gran masa de la población que desprecia a la autoridad democrática, que se apunta a todo tipo de posturas radicales y que nos impone los más absurdos disparates socioeconómicos.
Podemos hablar del pasado, de la memoria o sobre cómo construir un Relato digno de lo sucedido, pero, mientras tanto, ETA-Batasuna, a través de Bildu, se dedica a descuartizar el futuro de nuestros hijos alimentándose de una extraña bazofia moral que mezcla proterrorismo militante, ecofascismo, totalitarismo identitario, integrismo ideológico, fanatismo político y maquinismo, y que, en el fondo, lo único que demuestra es un odio visceral a nuestro sistema de libertades y a los valores éticos que conforman las sociedades occidentales.
De verdad que, desde Guipúzcoa, y desde no pocas zonas del País Vasco, resulta muy complicado saber de qué hablamos cuando hablamos de la “derrota del terrorismo”.
Porque lo que en cualquier democracia consolidada resulta obvio, en estas zonas no lo es tanto.
La superioridad de nuestro sistema democrático de convivencia se asienta sobre el hecho de que los ciudadanos, cuando salimos todos los días de casa, sabemos que nuestro quehacer cotidiano va a estar amparado por un puñado de certezas elementales. Por ejemplo, que los delincuentes van a ser detenidos y puestos a disposición de las fuerzas de seguridad; que la violencia no se legitima como un método de participación social; que un mismo idioma nos ha de servir para comunicarse en el territorio común del Estado; que el derecho a una educación pública en condiciones no puede depender de los caprichos legislativos de cada autonomía; o que la construcción de las grandes infraestructuras no puede estar sujeta al albur de las decisiones de un puñado indecente de grupúsculos extremistas. Que, en definitiva, un diputado general no puede lanzar vítores a los etarras, que no es posible que el máximo representante de un territorio actúe como un obsceno piquetero de las instituciones que representa y que no se puede pretender gobernar nada cuestionando grosera y permanentemente todo aquello que permite que los ciudadanos se desarrollen, civilizadamente, como tales.
¿Cómo vamos a hablar de la “derrota del terrorismo”? ¿Quién va a decir a las víctimas vascas del terrorismo que se “ha vencido a ETA”? Porque lo que estamos viendo en muchas zonas de Euskadi es algo que está superando nuestros temores más pesimistas.
Bildu, al plegar su agenda de gobierno a las demandas incongruentes de los terroristas, de los amigos de los terroristas, de los independentistas más ariscos, de los ecotalibanes más absurdos y de los sectores sociales más radicales y populistas, rompe indecentemente con todos los principios sobre los que se asienta la modernidad y el progreso occidental. Y, de este modo, nos está abocando a padecer una realidad hedionda en la que los terroristas son alabados como líderes del futuro, en la que demócratas como los aquí presentes son expulsados al gueto misterioso de la extrema derecha y en la que, en el colmo de las vilezas, las víctimas del terrorismo son consideradas como peligrosos elementos de intolerancia y crispación.
En este marco, pienso, sinceramente, que de ninguna manera es posible hablar de una “derrota del terrorismo” y que, consecuentemente, resulta muy difícil hablar de “la preservación de la memoria”. Un elemento que identifica a todo tipo de totalitarismos es que éstos, permanentemente, hablan de pasado, para idealizarlo, y del futuro, para moldearlo en base a sus ensoñaciones fanáticas. Y mientras el péndulo atroz construido por ETA-Batasuna se mueve entre el pasado y el futuro, va dibujando un presente cruel…
Un presente en el que en la sociedad vasca, sobre todo, pero también en una parte importante del resto de la sociedad española, se está alentando un claro empeño por pasar página, por olvidar nuestra más reciente historia, por recibir con palmas a los asesinos descarriados que presuntamente regresan a la civilidad y por hacer surgir un nuevo escenario en el que las permanentes reclamaciones de memoria, verdad y justicia lideradas por las víctimas del terrorismo se transmutan en peticiones vacuas y éticamente indecentes que hablan de perdonar a los asesinos, que apelan a “sumar esfuerzos” entre quienes matan y quienes mueren y que exigen “olvidar” a quienes más han padecido la lacra terrorista.
Actualmente, nuestro presente es una geografía volteada en la que la desmemoria, la mentira como herramienta de construcción de los consensos colectivos y la más ramplona equidistancia, tratan de convertir el pasado reciente del País Vasco en un escenario irreal en el que "ha habido sufrimiento por ambas partes”, en el que “todos tenemos que ceder” y en el que hay que ofrecer espacios para “la reconciliación”.
Por todo esto, debemos ser conscientes de que nos enfrentamos a un reto enorme en un entorno social, cuando menos, esquivo.
Nuestro desafío, y yo diría que nuestra obligación, consiste en seguir manteniendo vivas las reclamaciones de firmeza policial y aislamiento social contra los muchos terroristas que aún son y frente a quienes se empeñan en considerar a éstos como un colectivo de personas erradas a los que hay que acoger de nuevo en sociedad como si nada hubiera pasado en estos últimos cincuenta años.
Nuestra tarea más urgente consiste ahora en recordar una y otra vez que nuestro sistema de libertades siempre es infinitamente superior a los planteamientos totalitarios, integristas y fanatizados de los terroristas, de los cómplices de éstos o de los que siempre han justificado a los primeros y abrazado a los segundos.
Y, sobre todo, debemos insistir en que jamás podremos hablar de de derrota del terrorismo en el País Vasco si, previamente, los terroristas no han cumplido íntegramente sus penas; si las instituciones no se ponen manos a la obra para poner fin a los casi 400 crímenes terroristas que aún siguen sin resolverse; si nadie reconoce que la democracia ha salido victoriosa y que el terror y sus representantes han sido derrotados; y si, por encima de todo, no se asume colectivamente que quienes fueron víctimas y perseguidos del totalitarismo nacionalterrorista tienen todo el derecho del mundo a intentar impedir que sus hijos vayan a ser mañana las futuras víctimas de una paz tan falsa como moralmente indecente.
Muchas gracias".

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