"Decenas de miles de vascos, directamente ligados al entorno del nacionalismo y del terrorismo autóctonos, desean públicamente que los asesinos de ayer se conviertan en los líderes de nuestro futuro"

A lo largo de los últimos años han sido muchos los dirigentes de la banda terrorista ETA que han especulado con la idea de cómo sería su ascenso al poder de las instituciones vascas. Los investigadores policiales disponen, incluso, de una amplia documentación en la que los criminales aventuran complejos escenarios, dibujan procelosos recorridos y diseñan hojas de ruta más o menos viables que, en ocasiones, apenas parecen tener algún sentido. Hoy sabemos que todas esas ensoñaciones de los asesinos siempre habían fallado en una cosa: ni ellos mismos llegaron a creerse nunca el alto grado de estima, la simpatía, la comprensión y el acomodo con que contaban en una parte siempre demasiado importante de la sociedad vasca.

Hace unas horas, más de 100.000 hombres, mujeres y niños de Euskadi salían a las calles de Bilbao para mostrar su apoyo a un puñado de asesinos. En las últimas elecciones autonómicas, uno de cada cuatro vascos votó a favor de un candidato de EH Bildu, el proyecto político nacido de y tutelado por la banda terrorista ETA, para liderar el Gobierno autónomo y, de hecho, esta fuerza, la segunda de Euskadi en número de apoyos, disputa, en expansión, amplitud e intensidad, el liderazgo político de la comunidad al PNV de Iñigo Urkullu, que desde hace algunos meses contempla alarmado cómo su primacía es ya cosa de tiempos pasados y que ha interiorizado que desde ya tendrá que tomar serias decisiones para encarar la rivalidad de los hijos pródigos que han regresado envalentonados a la casa del padre.
Cincuenta años de barbarie nacionalterrorista han abocado a los vascos a las puertas de un oscuro y a veces indescriptible abismo moral. Y es que cuando miles de individuos piden extasiados la libertad de un puñado de psicópatas fanatizados o cuando uno de cada cuatro ciudadanos apoya libremente un proyecto ideológicamente totalitario, éticamente indecente, políticamente irracional y socio-culturalmente extremista como el de ETA-Batasuna, es que algo falla, que algo se encuentra éticamente tumefacto en el corazón de esta región convulsa que, bien entrado el siglo XXI, desea recorrer los caminos del futuro basándose en presupuestos prepolíticos y ensoñaciones sangrientas e irracionales del siglo XIX.
Decenas de miles de vascos, directamente ligados al entorno del nacionalismo y del terrorismo autóctonos, dicen públicamente, una vez tras otra, que desean que se cumplan los planes que ETA siempre tuvo para gobernar esta región, que quieren que los terroristas de ayer se conviertan en los líderes de nuestro futuro y que buscan que, definitivamente, los “nuevos tiempos”, que a decir de algunos vivimos, vengan marcados por el sello de la infamia y la atrocidad. Kandido Azpiazu, un matarife etarra que se pasea tranquilamente por las calles de la localidad guipuzcoana de Azpeitia mofándose siempre que puede de la esposa de Ramón Baglietto, el hombre al que asesinó, ha expresado muy claramente esta idea: “La mayor parte de la población me apoya a mí, y no a esa señora (refiriéndose a Pilar Elías, la mujer del hombre al que mató). ¿Por qué habría de sentir algo por ella?, ¿Por qué habría de importarme lo que ella piense? La mayoría de las mujeres mayores de mi pueblo saben que he pertenecido a ETA y que he asesinado, pero todas quieren darme besos por la calle”.
Toda la infamia que durante los últimos meses se está vertiendo en el País Vasco, con la aquiescencia activa de muchos, la comprensión cobarde de otros y la ignorancia cómplice de bastantes, habla de una sociedad que desea pasar página a cualquier precio, pero también pone al descubierto un tejido comunitario purulento en el que lo malo no es la querencia de muchos al olvido, a la desmemoria, a la equiparación entre víctimas y verdugos o a la búsqueda de la máxima impunidad para los terroristas. Lo peor de todo es que demasiados de los hombres y mujeres que cotidiana, anónima y orgullosamente se pasean por las calles donde la banda terrorista ha asesinado a casi un millar de personas anuncian a los cuatro vientos que desean para sus descendientes una sociedad de futuro liderada en comandita por dirigentes del PNV éticamente mezquinos que, en privado, reconocen que nada o muy poco hicieron cuando tanto había que hacer contra ETA y, por otro lado, por quienes, directamente, han jaleado, celebrado, aprobado y alentado todos y cada unos de los crímenes terroristas.
Una amplia mayoría de los ciudadanos vascos, embadurnada de un espíritu tan frívolo como acomodaticio y tan contemporizador como desinteresado de la defensa del sistema democrático, de los derechos humanos y de las libertades individuales, desprecia los principales modelos éticos, políticos, económicos y culturales sobre los que se levantan las sociedades occidentales. Y, como consecuencia de ello, es tal su denigración y su querencia hacia la barbaridad que lo único que estos fanáticos son capaces de hacer es echarse al monte aullando soflamas que exigen amnistía para los asesinos y salpimentando éstas con engendros ideológicos, modelo Bildu o Amaiur, que mezclan a partes iguales soberanismo mitificado, ecotalibanismo, manipulación histórica, patrioterismo tabernario y radicalidad piquetera.
¿El resultado de todo esto? Un territorio infame reacio a la aplicación de las leyes democráticas, renuente a la convivencia, impenetrable a la civilidad democrática, indócil al juego institucional, permanentemente asomado a la barbarie y constantemente opuesto a cualquier iniciativa de progreso, bienestar y desarrollo.
¿Qué sociedad miserable tendrán nuestros hijos mañana, cuando hoy tantos de entre los nuestros apuestan por la sumisión a los más viles del lugar, por la llamada sentimental de la tribu, por la atracción atávica hacia la aldea y por los férreos lazos de afinidad labrados sobre regueros de sangre inocente?

1 comentario:

  1. El miedo te hace seguir al asesino cuando sabes que estas indefenso. Como puedes estar en contra de BILDU o ETA viviendo en pueblos abandonados por la justicia y sabiendo que si no estas con la tribu salvaje puedes terminar muerto. Vascongadas es una jungla anarquica y bastarda.

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