Los vascos que crearon el franquismo

Recibimiento a Franco en San Sebastián
El Gobierno vasco, en manos del PNV, se ha apresurado a dar la bienvenida a la jueza argentina María Servini que, tras una querella presentada en los tribunales de Buenos Aires, se encarga de la investigación por crímenes de genocidio y de lesa humanidad presuntamente cometidos por la dictadura franquista desde el 18 de julio de 1936 hasta el 17 de junio de 1977, fecha de las primeras elecciones democráticas en España.
Dice el Ejecutivo de Íñigo Urkullu que comparte con la magistrada argentina el objetivo de "arrojar luz" y hacer que "resplandezca la verdad" sobre los crímenes cometidos por la represión franquista. Es de suponer que esta voluntad de la Administración autonómica por indagar en el pasado franquista se extiende también a profundizar en el pasado más reciente de las Vascongadas que, de hecho, fue una de las regiones que más y mejores “franquistas” proporcionó a Francio.

En este sentido, hay que recordar que entre la intelectualidad vasca más destacada de la primera mitad del pasado siglo XX, autores como Ramiro de Maeztu, Rafael Sánchez Mazas, Rafael Aizpurúa Azqueta o Ramón de Basterra contribuyeron, entre otros muchos, a dotar al régimen del general Franco de gran parte de su armazón ideológico. También fueron ciudadanos vascos algunos de los principales propagandistas internacionales del régimen nacional: Manuel Aznar Zubigaray, considerado durante mucho tiempo uno de los principales, y más fieles, biógrafos del caudillo; Fermín Yzurdiaga o Joaquín Arrarás.
Iñaki Anasagasti, senador del PNV, en un artículo publicado hace algunos años ya detalló cómo la presencia de gentes de origen vasco en el aparato institucional franquista fue muy destacada. “El legislativo fue prácticamente un coto cerrado. Esteban Bilbao y Eguía ocupó la presidencia de las Cortes durante nada menos que veintidós años -todavía hoy es, con diferencia, la persona que durante más tiempo ha desempeñado este cargo- y le sucedió el bilbaíno Pedro Iturmendi. Cuando este cesó, a finales de los sesenta, el generalísimo confesó a uno de sus colaboradores que lo único que tenía claro con respecto a la identidad de quien le fuera a suceder, era que no podía ser vasco. Porque los vascos habían agotado ya el cupo”.
Durante las casi cuatro décadas que duró el régimen dictatorial, las personalidades vascas en los diferentes gobiernos de Franco fueron numerosas. “En el Ministerio de Asuntos Exteriores su presencia fue intensísima, tanto como ministros, como en calidad de embajadores”, explica Iñaki Anasagasti, quien añade que la lista de vascos al servicio de la diplomacia franquista es, ciertamente, extensa: Lequerica, Areilza, Castiella, Sangróniz, Baraibar, Aznar... “Otros ministerios contaron, asimismo, a vascos entre sus titulares. Arrese, Arburúa, Bilbao...Y, evidentemente, la lista se amplía si tomamos en consideración los órganos específicos que creó el régimen, como el Consejo del Reino o el Consejo Nacional”.
Iñaki Anasagasti recuerda en su texto, además, que no es comprensible la actitud e incluso la supervivencia del régimen de Franco si en el París ocupado por los alemanes no hubiera estado un embajador que habiendo sido alcalde de Bilbao como fue José Félix Lequerica, trabajó para asentar el régimen ante el gobierno de Vichy y trabajó para la repatriación no sólo de los bienes de los llamados "rojos" sino de sus personas. “Desde la Delegación del Gobierno Vasco en París se trabajó conjuntamente con la Gestapo para capturar a Azaña, Companys, Zugazagoitia, Rivas Cherif, Cruz Salido, etc. Lo mismo ocurrió en Nueva York. Tras la segunda guerra mundial, el régimen quedó aislado por acuerdos de Naciones Unidas y fueron Lequerica, Manuel Aznar, Castiella y Areilza los que lograron que, en 1953, Franco fuera admitido en aquel selecto club que le daba el marchamo de prestigio suficiente para poder seguir consolidando internacionalmente su dictadura”.



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