20.000 aficionados al baloncesto de diferentes países del mundo recorrerán este domingo un Bilbao desierto y paralizado por el cierre de sus comercios

“El comercio es vida”, decía un antiguo eslogan publicitario, pero, al parecer, los empresarios y trabajadores vascos del sector, y especialmente los bilbaínos, no creen en esta sentencia y este domingo, como todos los del resto del año, mantendrán cerrados sus locales a pesar de que 20.000 aficionados a la canasta de diferentes países del mundo recorrerán las calles de la capital vizcaína con motivo de la celebración del Mundial de Baloncesto.
El Gobierno de Vitoria lleva años dilapidando una ingente cantidad de recursos públicos apoyando a un pequeño comercio que no solo no tiene ningún interés en modernizar sus servicios, mejorar su actitud y acercarse a los ciudadanos sino que, además, sigue manteniendo, en la mayor parte de los casos, una forma de trabajar elitista, distante, rancia y desagradable hacia al comprador que ha ido empeorando con el paso del tiempo y que, de una forma muy especial en los casos de Guipúzcoa y Vizcaya, ha situado a los minoristas de estos territorios, salvo honrosas excepciones, entre los peores de Europa.

Que los empresarios del pequeño comercio bilbaíno, amparándose y aliándose en demasiadas ocasiones con el antiliberalismo, el antiprogresismo, la demagogia y los postulados reaccionarios de los sindicatos mayoritarios vascos, sean incapaces de abrir las puertas de sus tiendas a decenas de miles de hombres y mujeres que vienen a Euskadi a ver “el mejor baloncesto del mundo” debe hacernos reflexionar sobre el tipo de sociedad adocenada, perezosa e indolente que estamos creando y, sobre todo, debe hacernos recapacitar a todos los ciudadanos de Euskadi sobre cuál ha de ser, todos los días, nuestro comportamiento como consumidores ante un sector comercial que boicotea y se niega a apoyar, a animar y a enriquecer (se) con los grandes proyectos colectivos de nuestras capitales y de nuestra sociedad.
El pequeño comercio vasco en general y, en este caso, el pequeño comercio bilbaíno en especial, no quiere alumbrar sus mostradores cuando hay 20.000 personas llamando a sus puertas. Está en su derecho. Pero patronales y sindicatos deberán asumir, por un lado, que su empobrecimiento de mañana estará directamente ligado con su actitud acomodaticia y haragana de hoy. Y, por otra parte, deberán dar ejemplo de su cacareado y nunca comprobado respeto a las libertades públicas, permitiendo (sin insultos, sin amenazas, sin piquetes y sin advertencias mafiosas) el derecho a trabajar de todos aquellos, empresarios y trabajadores, que haciendo caso a la lógica enriquecedora de los emprendedores, de los innovadores y de los pioneros, estarán cumpliendo con su responsabilidad y obteniendo beneficios para sí y para todos, el próximo domingo. Y el resto de los festivos del año.

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