El "txistu" del Lehendakari

El lehendakari Íñigo Urkullu ha tocado el “txistu” (flauta) y el tamboril en un homenaje que se ha celebrado en la localidad de Vendays-Montalivet (Francia) a unos “gudaris” que, agrupados en el “Batallón Guernica”, lucharon en 1945 “contra la tiranía”. Ver vídeo al final de este artículo editorial
El lehendakari Urkullu, mientras tocaba el instrumento y a su alrededor se coreaba el “Eusko Gudariak”, uno de los himnos que etarras y proetarras han entonado felices durante décadas, parecía emocionado recordando, seguramente, a ese puñado de hombres que, al parecer, combatieron en Francia contra Hitler. Por el contrario, y muy probablemente, el Lehendakari, mientras tocaba el flautín en Aquitania, no se acordaba de algunos gerifaltes del PNV que, en aquellos mismos años, trataban de negociar con los todopoderosos nazis una hipotética independencia para el País Vasco.

Hace unos meses, el documental “Una esvástica sobre el Bidasoa” ponía en imágenes públicas lo que algunos historiadores llevaban años diciendo en privado: la existencia de numerosos contactos entre representantes nacionalistas vascos y dirigentes nazis durante la Segunda Guerra mundial. De hecho, abundantes documentos obtenidos en archivos germanos revelan lo que también ha confirmado el exalcalde nacionalista de San Sebastián, Ramón Labayen (PNV): “Había que jugar a ganador por una vez y había cierta esperanza de que los alemanes nos apoyaran frente a Franco".
Es curioso que los sentimientos de los nacionalistas vascos, los mismos que también llevan al lehendakari Íñigo Urkullu a tocar el atabal con mucho desparpajo y muy poco tino, siempre saltan, estallan y se ponen de manifiesto ante un pasado permanentemente manipulado y falsificado. Así, las conmociones íntimas del Lehendakari, que tan bien se transmiten a través del lamento triste y obsceno de la “txirula” aquitana, supuran invenciones y quimeras, y lloran recordando a héroes inventados, patrias inexistentes, batallas que jamás sucedieron, hechos novelados e idiomas inservibles.
Desgraciada y patéticamente, el lehendakari Íñigo Ukullu, y la corte de dirigentes ultranacionalistas que medra a su alrededor, nunca ha llorado por lo que sí ha sido cierto, trágico y siniestro en nuestra más reciente historia: el totalitarismo nacionalterrorista, los crímenes de ETA y el casi millar de víctimas directas que éstos han provocado. No, Íñigo Urkullu nunca ha tocado el “txistu” por las víctimas de los terroristas vascos. De igual modo que él, ni su partido, tampoco ha luchado jamás “contra la tiranía” de los asesinos etarras. De hecho, y al igual que el PNV de hace 70 años trabó fuertes lazos con el Partido Nacional-Socialista alemán, el PNV de hoy también ha trabado, durante demasiado tiempo, intensas relaciones de colaboración, cooperación y amistad con el Partido Nacional-Socialista vasco que se esconde detrás de las siglas de Batasuna, Amaiur, Sortu o Bildu, entre otras muchas.

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